En plena tormenta judicial que rodea a José Luis Rodríguez Zapatero tras su imputación por blanqueo de capitales y los registros en su despacho frente a la sede del PSOE en Ferraz, resurge un vídeo antiguo del expresidente que resulta especialmente incómodo para el socialismo español.
En él, un Zapatero en modo mitinero proclamaba con solemnidad una de sus frases más repetidas, la de que ser socialista es tener poco y dar mucho:
Esa es la escuela que hemos aprendido en las casas del pueblo, entre los compañeros, hemos aprendido entre los militantes, entre las compañeras, que ser socialista es normalmente tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho.
Un mensaje de supuesta austeridad y entrega que hoy suena a puro sarcasmo ante las crecientes informaciones sobre su patrimonio, sus vínculos con el chavismo y las operaciones bajo sospecha.
Aquellas palabras, pronunciadas en tiempos de bonanza electoral y cuando Zapatero vendía un socialismo "de valores", chocan frontalmente con la imagen actual del exlíder, recientemente imputado por José Luis Calama, juez de la Audiencia Nacional.
Mientras Ferraz intenta minimizar el escándalo y algunos compañeros de partido guardan silencio o desvían la atención, el vídeo circula con fuerza en redes sociales y medios alternativos. Nadie en la dirección socialista parece tener interés en recordarlo.
La frase, convertida en meme, adquiere hoy un significado distinto, la de que ser socialista es tener poco en apariencia, mientras das mucho a tus allegados y socios internacionales.
Las investigaciones en curso sobre Plus Ultra, los presuntos movimientos con Venezuela y las comisiones que se le atribuyen en distintos frentes dibujan un panorama muy alejado de aquella retórica de sacrificio personal.
El entorno cercano al PSOE reconoce en 'petir comité' que el vídeo en cuestión resulta tóxico en un momento en el que el PSOE intenta defender la honorabilidad de Zapatero mientras la UDEF sale de su despacho con maletines y la Audiencia Nacional avanza en las pesquisas.
Nadie en Ferraz quiere hablar del asunto.
La consigna parece clara: minimizar, desviar y, si es posible, hacer que ese viejo discurso desaparezca del debate público. Pero en la era de los smartphones y las redes, borrar la memoria colectiva es tarea imposible.
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