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  • hace 6 minutos
Es curioso que me haya entregado con esmero al colegio primario, tan repleto de reglas, porque el jardín de infantes, un sitio que se presume lúdico, me resultó un infierno.

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01:00Siempre fui buena alumna, pero mi paso por el jardín de infantes, como llamamos al
01:04kinder en la Argentina, fue una catástrofe. Desde mis tres hasta mis cinco años pasé
01:10por tres jardines distintos hasta que mis padres, agotados, dejaron de insistir. Es
01:17curioso que me haya entregado con esmero al colegio primario tan repleto de reglas porque
01:21el jardín de infantes, un sitio que se presume lúdico, me resultó un infierno. Más allá
01:27de haber tenido comportamientos díscolos, como cuando nos enseñaron a enhebrar fideos
01:33en un cordel con la advertencia de que no había que metérselos en la nariz y lo primero que
01:39hice fue encajarme cuatro o cinco en las fosas nasales, me parecía una ignominia tener que
01:45presentarme con un uniforme ridículo, un moño al cuello y mi nombre escrito en el pecho como
01:51si yo no supiera responder cómo me llamaba. Pero lo peor era el momento en que nos obligaban
01:59a dormir la siesta. ¿Cómo puede estar cansado un chico de tres, de cuatro años, una ojiva
02:05cargada de vitalidad a la una de la tarde? Mi familia se dividía en dos facciones, mi abuelo
02:12italiano, mis abuelos sirios y mi padre, que dormían la siesta, y mi madre y mi abuela
02:17alemana que no. No sé si heredé de ellas mi rechazo por esa pausa, pero cuando en medio
02:24de una jornada agónica de escritura no me ha quedado más alternativa que tumbarme un
02:29rato, siempre desperté con la sensación de tener la muerte en el cuerpo y la certeza de
02:35que en efecto la vida es una mierda. Nada me convence más de que la existencia no tiene
02:41sentido que dormir la siesta. El caso es que en aquellos jardines de infantes nos obligaban
02:47a dormir. Yo, sumida en desesperación, fingía hacerlo mientras odiaba esos minutos sumidos
02:55en el aroma del plástico y los perfumes infantiles. No quería dormir, quería vivir, y los adultos
03:03me lo estaban impidiendo. Pero quizás, en ese simulacro, aprendí una forma de resistencia.
03:11Obedecer sin entregarme, a ensayar en silencio el arte de estar en otro sitio. Quizás fuimos
03:18muchos los que aprendimos, gracias a la tiranía de los adultos, esa estrategia. Fingir obediencia
03:26mientras esperábamos, despiertos, el momento de escapar.
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