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  • 2 days ago
William Ospina lee su columna Nostalgia de Colombia, en la que hace un recorrido por sus memorias en los lugares apartados de Colombia. “No hablo de esas ciudades donde he nacido y muerto tantas veces: de Cali o Medellín, de Ibagué o Pereira, de Bogotá o Popayán; sino de los remansos que Colombia brinda por todas partes. Porque hoy tengo nostalgia de Colombia”, dice Ospina.

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00:00Nostalgia de Colombia
00:02En el último confín de la Guajira, en las cavernas frente al mar, vivía un gato. No
00:08entendí que viviera tan lejos de cualquier lugar habitado. El viento lo empuja a uno
00:14por la pendiente y el mar estalla abajo, esperando. Por el desierto salen de la nada niños indios
00:21a pedir cualquier cosa. Los carros se perdían en la extensión sin carreteras y casi sin
00:26caminos. En Maicao hay narguiles sobre las mesas de restaurantes donde el viento trae
00:33arena, cerca de la mezquita. En Camarones íbamos navegando por la Ciénaga
00:39cuando el barquero advirtió que el remo no lograba impulsar la canoa. Sentimos el peligro
00:45en esa inmensidad con islas de flamencos en la distancia. Pero el barquero hizo algo sorprendente,
00:52bajó de la canoa y la siguió empujando y el agua le llegaba a la cintura.
00:58Cerca, en Manaure, vimos un cerro blanco junto al mar. Era sal. De noche, en el Tairona, había
01:06estrellas grandes sobre las palmeras. Salimos a la playa a ver el mar que golpeaba a lo lejos.
01:13Llevábamos un rato ante el abismo cuando una raya luminosa quemó el cielo y se perdió
01:17en el horizonte. Al otro día caminamos con el mar al acecho hasta la desembocadura del
01:23Huachaca, donde el deshielo de la sierra forma remansos con peces diminutos que saltan ante
01:30los picos abiertos de los pelícanos. En Dibuya los pobladores salen a las playas a ver morir
01:37el día dulcemente. En Santa Marta visitamos la Madre de la Sierra, un estanque de aguas hirvientes
01:44cerca del mar al que hay que entrar despacio para que el cuerpo se acostumbre. Como en
01:49un ritual antiquísimo, al avanzar el estanque mismo lo va obligando a uno a arrodillarse.
01:57En Ciénaga, dijo Luisa Santiago Márquez, está el lugar donde se acabó el mundo.
02:03En Alacataca había familias almorzando a la orilla del río, entre piedras redondas y
02:08enormes, como en una novela. En Carmen de Bolívar uno no sabe decidirse entre tantas
02:14hamacas de colores. En San Juan del Cesar la misma dulzura que está en las canciones
02:21está en los rostros. En Turbaco, junto al bosque, sumergidos en una piscina tibia, aprendemos
02:29que una cosa son los momentáneos cocuyos y otra el vuelo largo y encendido de las luciérnagas,
02:37y oímos a lo lejos cosas que caen en la oscuridad, los mameyes maduros.
02:45En el embarcadero de Puerto Colombia creíamos oír como si estuviera instalado en el aire
02:50un soplo que repite sobre la arena mojada bajo el viejo muelle la besé con loca pasión.
02:58En un teatro de Barranquilla Campo Miranda nos reveló que era suya la estampa más alegre
03:03de nuestra infancia. Por el juncal florido del riachuelo viene volando un pájaro amarillo.
03:12En Guamal nos cantó Julio Erazo, el único tango colombiano que se volvió de verdad conocido.
03:19Hoy que la lluvia entristeciendo está la noche, que las nubes en derroche tristemente veo
03:24pasar. Nos conmovió que un hombre del litoral, que puso a bailar a medio país hace medio siglo,
03:33hubiera hecho esa canción que acompaña las penas de amor en las cantinas de la cordillera.
03:40En Montpós, en un patio embrujado, había un árbol que era todo un bosque. En Cartagena,
03:47cuando el calor oprime, entramos por milagro en el claustro de San Pedro Claver y sentimos
03:53de pronto una frescura vegetal de otros siglos. En Apartadó envenenaba el aire el rocío de
04:00las avionetas sobre las plantaciones. Pero en Turbo, donde el aire es más puro, se amontonaban
04:07en la playa los troncos que arrancan las tempestades en las selvas del sur, en el Chocó, y que el
04:14atrato arroja a la arena mientras sigue llenando el golfo de agua dulce.
04:20En la noche, en un cuarto de hotel, sentí que un cataclismo despedazaba el mundo, pero
04:26era sólo un trueno en esa región donde se acercan los océanos.
04:31En Montería, junto al Sinú, salvados por los árboles del calor de las calles, pasear es tan
04:37hermoso como en el malecón de Río Hacha. Abajo de Santa Fe, donde es más ancho el Cauca, uno se
04:44siente parte de ese tejido de cables y maderas que los automóviles recorren lentamente mientras
04:51el puente tiembla sobre el abismo. En Sopetrán buscamos astromelias porque un verso de Barbajacov
04:57las promete. En Jericó, en la cantina llena de viajeros, empezamos cantando tangos viejos,
05:06más tarde llegan canciones de todas las edades y ya a las tres de la mañana no hay nadie que
05:11no cante.
05:13Por el parque de Arma vimos pasar a un muchacho que llevaba semanas con su morral a la espalda,
05:19recorriendo sólo, por placer, las montañas. En Salamina, un viejo arriero que nos oía hablar
05:26en el café nos reveló que había recorrido con sus mulas todos esos caminos que hace un
05:31siglo y medio hicieron los colonos. En Chipre, en Manizales, una saga de bronce hace vivir
05:39los heroísmos y las penalidades de los aventureros que hicieron habitable esa selva. No hablo de esas
05:47ciudades donde he nacido y muerto tantas veces, de Cali o Medellín, de Ibagué o Pereira, de Bogotá
05:54o Popayán, sino de los remansos que Colombia brinda por todas partes, porque hoy tengo nostalgia de
06:02Colombia. De las palmas del Cocora, de los bosques de Chinácota, del colegio de la Hondura en el Dovio,
06:10de esa casa antigua llena de niños frente al lago Calima en Darién, de los cielos del Cabo de la
06:16Vela,
06:17de las casas de Cardones y el viento que zumba por el desierto, de la noche en Cartago, de Sevilla
06:24en la
06:24voz de Óscar Peláez, de un mar enrojecido que yo miraba a solas en una tarde de mi adolescencia,
06:32cuando una lancha que venía de ladrilleros me trajo de repente a Silvio y a Sara María y una
06:38noche de vino y canciones. Del fulgor incesante del faro del catatumbo al que llegamos guiados
06:45por el relámpago en un viejo automóvil que parecía una barca por la selva. De la visión del llano desde
06:52la
06:52carretera vieja a Villavicencio, un mar para los ojos y para el alma. De las bongas viejísimas de
06:59San Pedro Alejandrino, de los cormoranes entre Barranca y el Banco, de la chalupa llena de gentes
07:06del río, de un par de versos que se vuelven recuerdos físicos, que partía del banco viejo
07:12puerto a las playas de amor en Chimichagua. La vista de las crestas caprichosas de la hoz de Minamá,
07:21con nubes enredadas en sus faldas desde los maizales de mercaderes. De una noche en la unión
07:28ante una gran fogata en la casa que fue de Aurelio Arturo. De un parque de Tuluá donde se recuerda
07:35a
07:35los muertos. De las flores con música de Santa Helena. De la memoria del río en una casa de onda.
07:44De las cavernas
07:45limadas por el agua en el paso más estrecho del Magdalena y los conjuros de piedra de San Agustín.
07:53Nostalgia de los altos de Puente Rojo viendo titilar las ciudades del valle. De los siete
07:59cueros morados, de las montañas, de los guaduales y los carboneros, del color azafrán de los cámbulos,
08:08del samán imposible de Santander de Quilichao. Del nevado del Huila visto desde Pichindé y del
08:16nevado del Tolima que se deja ver de muy pocos. De una cascada vista desde el alto del cielo. De
08:24los
08:24abismos de Murillo, de Cerro Bravo y de Guayacanal. De las canoas lentas de Ambalema que en las canciones
08:31llevan amantes fugitivos. De los caminos de selva de Puerto Nariño. De las muchas Colombias que no
08:40están todavía en la memoria.
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