00:04Nunca desperdicies una buena crisis, dice Frank Underwood en una escena de la serie House of
00:09Cards. Una buena crisis real o creada es un escenario perfecto para confundir con espectáculo la
00:14realidad. Y qué mejor crisis que un supuesto atentado en contra del presidente de Estados
00:20Unidos. El sábado pasado, en plena escena de corresponsales de la Casa Blanca en Washington,
00:25un hombre armado intentó atravesar un control de seguridad en el hotel donde se realizaba
00:29el evento y abrió fuego. El servicio secreto evacuó a Donald Trump del salón, el agresor
00:33fue detenido y un agente resultó herido, pero el presidente, su esposa y el vicepresidente
00:38salieron ilesos. Más allá de que parezca la escena de una película de Hollywood sobre
00:43estos temas, lo verdaderamente interesante es que el hecho intenta producir en el imaginario
00:48colectivo algo. Los atentados no solo son eventos, se suelen utilizar también como narrativas.
00:53Piensa en un momento, un atentado real, exagerado o incluso simulado tiene una eficacia en medida
00:59patriota, convierte al político en víctima, lo eleva moralmente, lo protege de la crítica
01:03y, sobre todo, moviliza emocionalmente a propios y extraños. De pronto, Trump, cuya popularidad
01:09viene siendo fuertemente cuestionada por las incursiones militares que ha tenido, parece
01:14ser defendido y recibe la solidaridad de mandatarios de todo el mundo porque está convertido en
01:19un símbolo de resistencia. Decía Kale Schmidt que la política requiere de la construcción
01:23de un buen enemigo, un otro contra quien posicionarse y no hay forma más rápida de dibujar esa
01:28línea que a través de un ataque. El atentado es perfecto porque simplifica el mundo. De
01:33un lado estás tú, del otro quien te quiera asesinar. Y todo esto no tiene que ser real,
01:37el atentado perfecto no es el que ocurre con éxito, es el que se puede contar como una resistencia
01:43heroica. Es decir, no necesita ser ni completamente falso ni completamente cierto. Solo necesita
01:48ser creíble y así activa la emocionalidad. En una sociedad como la nuestra, eso es más
01:53que suficiente. El politólogo Murray Endelman hablaba de la política como un teatro simbólico.
01:59Los hechos importan menos que la forma en que se representan. Y en ese escenario el atentado
02:04tiene una ventaja incomparable. No es un objeto de análisis en un símbolo de repudio. En todo
02:09caso el análisis pertinente es el de la lectura del subtexto que produce, la información que
02:14circula y la deliberada estrategia de provocar una reacción afectiva como instrumento de legitimidad
02:20política. Por supuesto que esto es posible gracias al contexto global y la situación
02:24de nuestra sensibilidad y atención como sociedad. Hoy la información, incluso aquello
02:29que suponíamos como verdad, compite con los sesgos que nos hacen creer solo aquello
02:34en lo que ya creemos previamente. Queremos que la información y las noticias confirmen lo
02:39que el mundo pensamos que es o como lo imaginamos. Pocos estamos dispuestos a aceptar lo contrario.
02:45Y en este terreno las emociones siempre ganan porque un dato frío no compite con el miedo,
02:50con la indignación, con la ira. Y un atentado activa todo eso al mismo tiempo.
02:55No sé si este supuesto atentado fue real. Lo que me interesa ver es si funciona políticamente,
03:01mediáticamente, si es capaz de organizar nuestra realidad en torno a una historia clara, simple
03:06y poderosa. La política se juega muchas veces en quién puede narrar el mundo de forma más
03:11creíble, quién cuenta mejor la historia. Los atentados son un recurso político para
03:16movilizar, para justificar, para reforzar identidades y para cerrar filas. Nosotros,
03:21sin darnos cuenta, dejamos de ser ciudadanos y nos convertimos en audiencia. Parece que esta
03:26época de relatos acelerados, la política no necesita verdades completas, solo necesita historias
03:31lo suficientemente convincentes.
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