El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha puesto en el centro de la escena al estratégico estrecho de Ormuz. Tras los ataques del 28 de febrero, la respuesta iraní provocó, en la práctica, el cierre parcial de esta ruta clave, generando un impacto inmediato en los mercados energéticos globales.
El estrecho de Ormuz es uno de los corredores marítimos más importantes del mundo, ya que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y permite el transporte de grandes volúmenes de petróleo. Antes del estallido del conflicto, cerca de una quinta parte del crudo comercializado a nivel mundial transitaba diariamente por este paso. Países como Arabia Saudita, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irán dependen de esta vía para sus exportaciones.
Con apenas 34 kilómetros en su punto más estrecho y canales de navegación limitados, el estrecho actúa como un cuello de botella natural. Desde el inicio de la guerra, el tráfico marítimo ha caído drásticamente debido a los ataques iraníes con drones y misiles contra puertos, refinerías y buques cisterna.
La consecuencia directa ha sido una reducción significativa de la oferta global de petróleo, lo que ha impulsado una fuerte subida de los precios energéticos a nivel mundial.
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