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00:00Ángela planea huir y Martina acusa al varón. El capítulo 684 de La Promesa, viernes, 26
00:07de septiembre, llega cargado de tensión.
00:14Mientras la ausencia de Catalina sigue pesando sobre todos, Martina se atreve a señalar
00:19al varón de Valladares como posible responsable de su marcha.
00:22Manuel se consume entre dudas y responsabilidades, y Cristóbal impone un régimen de dureza que
00:31amenaza a Ricardo y Candela.
00:33Pero la mayor tormenta la protagoniza Ángela. Se enfrenta a Lorenzo con palabras que reabren
00:42viejas heridas, desafía la autoridad de Leocadia y comienza a preparar su huida junto a Curro.
00:47Y, en medio del caos, la salud de Petra empeora hasta obligar al Dr. Salazar a intervenir con
00:57un diagnóstico alarmante.
01:02El aire en La Promesa se había vuelto denso, casi irrespirable. No era el calor persistente
01:07de finales de septiembre en lo que oprimía los pechos, sino un silencio cargado de ausencias
01:12y preguntas sin respuesta. Cada crujido de la madera, cada eco en los pasillos vacíos,
01:22parecía susurrar un nombre, Catalina. Su marcha no había sido un simple adiós, había sido
01:31un desgarro en el tejido mismo del palacio, una herida abierta que supuraba incertidumbre
01:36y un dolor sordo y constante. La marquesa, en sus aposentos, se negaba a hablar del tema,
01:46como si ignorar el vacío pudiera llenarlo, pero el vacío era voraz y lo devoraba todo.
01:55Los salones, antes vibrantes con discusiones y risas, ahora eran mausoleos de recuerdos
02:00recientes, y la sombra de Catalina se proyectaba, larga y acusadora, sobre cada rincón, cada mueble,
02:07cada alma que habitaba la finca. Se había roto algo fundamental, una viga maestra en la estructura
02:17de la familia Luján, y todos temían que el derrumbe fuera inminente. En el corazón de esta
02:25tormenta silenciosa, la desesperación tomaba formas distintas. Para el marqués de Luján,
02:35don Alonso, era una bestia que le roía las entrañas día y noche. Sentado en su despacho,
02:44con la mirada perdida en un punto inexistente más allá de la ventana, sentía el peso de sus años y
02:49de sus fracasos como nunca antes. A su lado, Adriano, el padre de Catalina, era el reflejo de
02:59su propia angustia, aunque teñida de una furia más palpable. Otro día, Alonso, otro maldito día y no
03:09sabemos nada. La voz de Adriano era un gruñido bajo, el de un animal herido. ¿Cómo es posible que una mujer
03:19se desvanezca así, como el humo? Alguien tiene que saber algo. Alguien. Alonso se pasó una mano por
03:28el rostro, sintiendo la piel áspera y cansada. Lo sé, Adriano. Créeme, lo sé. He enviado telegramas
03:39a cada contacto que tengo. He hablado con la Guardia Civil de Pueblos a 50 kilómetros a la redonda.
03:44¿Es como si la tierra se la hubiera tragado? ¿Y si no fue la tierra? La pregunta quedó flotando en
03:54el aire, cargada de veneno. Fue entonces cuando Martina, que había estado de pie junto a la puerta,
04:03conteniendo el aliento y el llanto, decidió que no podía más con el peso de su sospecha.
04:08Entró en el despacho con una determinación que sorprendió a los dos hombres. Sus ojos,
04:17habitualmente llenos de una luz vivaz, estaban sombríos y febriles.
04:25Tío, señor Adriano, su voz temblaba, pero era firme. Hay algo que no les he dicho.
04:30Algo que he estado rumiando, que me quema por dentro porque me parece una locura. Pero,
04:39cada vez estoy más convencida. Alonso la miró, su expresión una mezcla de preocupación y agotamiento.
04:50¿De qué hablas, Martina? Cualquier idea, por descabellada que parezca, es bienvenida.
04:55Martina tragó saliva, reuniendo el coraje necesario para dar voz a un pensamiento monstruoso.
05:09Es sobre el varón de Valladares. El nombre cayó como una piedra en un pozo. Adriano frunció el ceño,
05:15confundido.
05:16¿El varón? ¿Qué tiene que ver ese hombre con la desaparición de mi hija? No lo sé con
05:25certeza, pero, piénsenlo. ¿No les parece extraña su repentina aparición justo antes de que todo
05:35esto ocurriera? Su insistencia en hablar con Catalina, su interés en los negocios de la finca. Él estuvo
05:41aquí el día que ella se fue. Lo vi hablando con ella cerca de los jardines. Parecía una conversación
05:50tensa. Catalina estaba, a la defensiva. Alonso se levantó, comenzando a caminar de un lado a otro
05:59de la alfombra persa. La idea era monstruosa, casi impensable. El varón era un hombre de negocios,
06:09un noble, un secuestrador, parecía sacado de una novela barata.
06:17Martina, eso es una acusación muy grave. Dijo con cautela. ¿Qué te hace pensar que pudo tener
06:23una implicación, directa?
06:28La forma en que la miraba, tío, no era la mirada de un socio comercial. Era, posesiva.
06:34Insistente. Y después, cuando nos dimos cuenta de que no estaba, él fue uno de los primeros en
06:43ofrecer su ayuda, pero sus ojos no mostraban preocupación. Mostraban, no lo sé, satisfacción,
06:53control, es una sensación, una intuición terrible, pero no puedo quitarme la de la cabeza.
06:58Él quería algo de ella, algo que Catalina no estaba dispuesta a darle. Y él no es un
07:07hombre que acepte un no por respuesta. Adriano se aferró a la idea como un náufrago a una
07:16tabla. La desesperación necesitaba un rostro, un enemigo al que odiar, y el varón de Valladares
07:22encajaba perfectamente. Ese miserable, claro que sí, siempre me pareció un buitre. Alonso,
07:32tenemos que hacer algo. Interrogarlo, presionarlo. No podemos, Adriano. Lo atajó Alonso, la voz
07:43teñida de una amarga impotencia. No sin pruebas, es un hombre poderoso, una acusación en falso nos
07:53destruiría. Pero, oh, miró a Martina, viendo en sus ojos la misma chispa de convicción que a veces
07:59veía en su hija ausente. No vamos a descartarlo. Estaremos vigilantes, observaremos cada uno de sus
08:09movimientos. Gracias, Martina. Ha sido muy valiente al contárnoslo. Martina asintió,
08:19aunque el alivio de haber compartido su carga se vio empañado por el terror de que sus sospechas
08:23fueran ciertas. Si el varón estaba detrás de todo, Catalina estaba en un peligro mucho mayor
08:32del que jamás habían imaginado. La conversación murió allí, dejando un sedimento de miedo aún más
08:42profundo en la habitación ya cargada de pena. Lejos del despacho, en el estruendo controlado
08:51del taller, Manuel intentaba ahogar sus propios demonios en el rugido de los motores y el olor
08:56a grasa y metal. El trabajo siempre había sido su refugio, el lugar donde las complejidades
09:05del mundo se reducían a la lógica pura de la mecánica. Pero ya no. Ahora, el taller era
09:14solo otra jaula. Cada pieza que ajustaba, cada tornillo que apretaba, le recordaba la estructura
09:20rígida de su propia vida, una vida de la que no podía escapar. Su mente era un campo de batalla,
09:30en una trinchera, la imagen de Enora, con su sonrisa enigmática y sus palabras que eran
09:35a la vez un bálsamo y un veneno. Le había prometido un mundo diferente, un futuro lejos
09:44de la promesa, pero sus promesas se sentían cada vez más huecas, más lejanas. ¿Realmente lo amaba
09:54o solo amaba la idea de lo que él representaba? Las dudas eran como avispas, zumbando incesantemente
10:00en su cabeza, picándole con la ponzoña de la incertidumbre. ¿Podía confiar en ella, o estaba
10:10siendo un ingenuo, un idiota que cambiaba una jaula de oro por otra de latón? En la trinchera
10:19opuesta, se alzaba el imponente muro de sus responsabilidades familiares. El abatimiento
10:28de su padre, la ausencia de Catalina que dejaba un vacío de poder y gestión en la finca, la
10:33presión de ser el heredero, el hombre que debía mantenerlo todo a flote. Sentía el
10:42peso de las expectativas de su madre, de la sociedad, de un linaje que se remontaba siglos
10:47atrás. Era una carga aplastante, una armadura que lo protegía y lo asfixiaba al mismo tiempo.
10:56¡Maldita sea! Gritó, lanzando una llave inglesa contra la pared de ladrillo. El estruendo
11:06metálico resonó en el taller, un eco de su propia frustración. Apoyó las manos en
11:14el fuselaje del avión, su gran obra, su sueño, y sintió que también se había convertido
11:19en un monumento a su parálisis. Podía construir una máquina para volar, pero él mismo no podía
11:28despegar. La calma le resultaba inalcanzable, un horizonte que se alejaba cada vez que intentaba
11:34acercarse. Estaba atrapado, suspendido entre un pasado que lo anclaba y un futuro que no
11:43se atrevía a reclamar, y el presente era un purgatorio de ruido y dudas. La rabia,
11:52en cambio, era el único motor que impulsaba a Ángela. Era una llama pura y devastadora
11:57que consumía cualquier atisbo de miedo o resignación. El consuelo era un lujo que no podía permitirse,
12:06y mucho menos las palabras suntuosas y mansas de Samuel. Lo había buscado en la pequeña capilla,
12:16quizás con la esperanza infantil de encontrar una señal, una brizna de paz. Pero sólo encontró
12:26al capellán, con su sotana pulcra y su mirada serena. «Hija mía, la ira es el veneno del
12:31alma», le dijo Samuel con voz suave, como si estuviera calmando a un potro asustado.
12:41«Entiendo tu dolor, tu sentimiento de injusticia, pero debes encontrar la fuerza para perdonar,
12:47para dialogar. Confía en la voluntad de Dios, él tiene un plan para todos nosotros». Ángela
12:56soltó una risa seca, desprovista de alegría. Resonó extrañamente entre las paredes de piedra
13:04y las imágenes de los santos. «La voluntad de Dios», dice, «o la voluntad de los hombres que se
13:10creen Dios, la voluntad de mi madre, la del capitán Lorenzo», se acercó a él, su voz un siseo bajo y
13:17peligroso. «No me hable de fe, padre, mi fe se ha agotado. Me piden que dialogue, pero nadie me
13:26escucha. Me piden que confíe, pero sólo me han traicionado. Me piden que acepte un destino que no
13:36he elegido, que me case con un hombre al que desprecio, un hombre que representa todo lo que
13:41odio». «El capitán es un hombre de honor, un buen partido, es un monstruo», espetó Ángela,
13:51incapaz de contenerse. «Un tirano que disfruta con el poder y el sufrimiento ajeno, y sabe que es lo
14:00peor, que todos ustedes son cómplices. Mi madre, con sus ambiciones, usted, con sus sermones sobre la
14:10resignación, la sociedad entera, que nos ve a las mujeres como meras monedas de cambio».
14:19Pues se acabó, Samuel la miró con una compasión que Ángela le pareció insultante.
14:28«Rezaré por ti, Ángela, para que encuentres la paz. No recé por mí, padre», replicó ella,
14:34dándose la vuelta. «Rezaré por ellos, porque no pienso aceptar lo que han decidido por mí,
14:44y no encontraré la paz. Encontraré la libertad», salió de la capilla dejando a Samuel sumido en
14:53un silencio preocupado. La rabia de Ángela no era una rabieta pasajera. Era una fuerza de la
15:02naturaleza, una tormenta a punto de estallar. Y él temía, con una certeza helada, que arrasaría con
15:12todo a su paso. El primer vendaval de esa tormenta no tardó en desatarse.
15:17Se encontró con Lorenzo en uno de los pasillos principales. El capitán, impecablemente vestido
15:26con su uniforme, la miró con una sonrisa condescendiente que a Ángela le revolvió el
15:31estómago. «Querida Ángela, te veo alterada. ¿Nervios prematrimoniales? Es natural. Todas
15:41las novias lo sienten antes de unirse a un hombre de mi posición». La calma con la que Ángela lo
15:49enfrentó fue más aterradora que cualquier grito. Se detuvo apenas un paso de él, obligándolo a mirarla
15:56a los ojos. Su voz fue gélida. «No confunda mi asco con nervios, capitán». Lorenzo arqueó una ceja,
16:06la sonrisa vacilante. «¿Asco? Es una palabra muy fuerte, ¿no crees? Deberías mostrar más respeto por
16:17tu futuro marido. El respeto se gana, y usted lo perdió hace mucho tiempo, o quizás nunca lo tuvo. Ten
16:27cuidado con tus palabras, muchacha. Puedo hacer tu vida muy complicada». Fue entonces cuando Ángela
16:37desenvainó su espada. «La verdad, o al menos una parte de ella, afilada y letal. ¿Más complicada de
16:47lo que usted hizo la vida de mi padre?» Dijo, bajando la voz a un susurro cargado de veneno.
16:56«No crea que he olvidado. No crea que no sé lo del acuerdo de las tierras de Extremadura.
17:00El dinero que invirtió y que nunca regresó. Las promesas que le hizo mientras lo arruinaba por la
17:10espalda. Usted lo destruyó, capitán. Lo dejó sin nada, y luego tuvo el cinismo de culpar a su mala
17:19gestión». La máscara de suficiencia de Lorenzo se resquebrajó. Por un instante, sus ojos revelaron
17:29una sorpresa genuina, seguida de una furia helada. «El fantasma de aquel viejo negocio,
17:38de aquella traición calculada, había vuelto para atormentarlo». «No sabes de lo que hablas. Son
17:48fantasías de una niña resentida. ¿Fantasías?» Ángela sonrió, pero fue una mueca terrible.
17:54«Tengo las cartas, las cartas que mi padre le escribió, suplicando, y las respuestas suyas,
18:03llenas de falsas promesas y con descendencia. Las guardo en un lugar muy seguro, así que
18:12ahorrese sus amenazas. Usted no me va a convertir en otra de sus víctimas.
18:15No va a poseerme como poseyó las tierras de mi padre. Antes, quemó este palacio con
18:24usted dentro». Sin esperar respuesta, Ángela siguió su camino, dejando a un Lorenzo lívido
18:33y tembloroso en medio del pasillo. La dura verdad que le había lanzado no solo había
18:40traído al presente un fantasma del pasado. Había encendido una guerra. Y Ángela, por
18:49primera vez en mucho tiempo, se sintió poderosa. Tenía un arma, y no dudaría en usarla.
18:59Mientras tanto, Leocadia sentía cómo los cimientos de su plan maestro se desmoronaban bajo sus pies.
19:04Había trabajado durante años para asegurar un futuro próspero para su hija. Un futuro
19:14que, en su mente, solo podía garantizarse a través de un matrimonio ventajoso.
19:22La unión con el capitán Lorenzo no era solo un buen partido. Era un triunfo,
19:26la culminación de todas sus ambiciones. Pero Ángela, su terca e idealista Ángela,
19:36se negaba a verlo. La encontró en su habitación, de pie junto a la ventana,
19:41mirando hacia los campos lejanos con una expresión que Leocadia no pudo descifrar.
19:49«Ángela, hija, por favor», suplicó, la voz teñida de una desesperación que ya no podía ocultar.
19:56«Tienes que entrar en razón. El capitán es nuestra salvación. Nos dará un estatus,
20:04seguridad, todo lo que he luchado por conseguir para ti».
20:11Ángela se giró lentamente, no había lágrimas en sus ojos, solo una determinación de acero.
20:20«Tu salvación, madre, no la mía. Mi salvación está muy lejos de aquí, y muy lejos de él».
20:26«No seas necia», exclamó Leocadia, acercándose. «¿Qué futuro crees que te
20:34esperas si rechazas esta oportunidad? ¿La pobreza? ¿La soledad? El mundo es un lugar
20:39cruel para una mujer sin el amparo de un buen apellido y un marido poderoso.
20:43«Prefiero la crueldad del mundo a la crueldad de una jaula dorada», replicó Ángela con calma.
20:56«He vivido toda mi vida siguiendo tus reglas, cumpliendo tus expectativas. He ahogado mis
21:01propios deseos para satisfacer tus ambiciones. Pero ya no más, esta vida no es la que quiero.
21:09¿Y qué es lo que quieres, eh?». La voz de Leocadia se elevó, histérica.
21:18«¿Huir con ese mozo de cuadra? ¿Ese don nadie sin futuro ni linaje? ¿Crees que el amor paga
21:23las facturas y te pone un techo sobre la cabeza? Despertarás de ese sueño y será demasiado tarde».
21:29«Lo que Leocadia no sospechaba, en su ceguera de madre acorralada, era que las palabras de Ángela no
21:38eran una simple bravuconada adolescente. No eran un sueño, eran un plan, un plan que ya estaba en
21:47marcha, tejido en secreto en susurros y miradas furtivas». «Horas antes, en el silencio polvoriento
21:57del pajar más alejado, Ángela se había reunido con Curro. La luz del atardecer se filtraba a través
22:07de las rendijas de la madera, creando barras doradas en el aire denso. El corazón de ambos
22:16latía con la fuerza de un tambor de guerra. ¿Estás segura, Ángela?», le preguntó Curro, sujetando sus
22:23manos con fuerza. «Las suyas eran ásperas y callosas por el trabajo. Las de ella, suaves, pero temblaban.
22:32Una vez que lo hagamos, no habrá vuelta atrás. Seremos fugitivos, proscritos. Nunca he estado
22:43más segura de nada en mi vida, Curro», respondió ella, mirándolo con una intensidad que lo dejó sin
22:49aliento. «Mi vida aquí no es vida, es una representación, y yo ya no quiero actuar, quiero
22:58vivir». «Contigo», Curro la trajo hacia sí, besándola con una mezcla de pasión y miedo. «Entonces
23:08viviremos». «Juntos», el plan era sencillo, casi temerario en su simplicidad. «Huirían la noche antes
23:18de la boda». «Curro prepararía dos de los caballos más fuertes y rápidos, pero no los mejores, para no
23:27levantar sospechas». «Saldrían por la linde oeste de la finca, aprovechando un tramo de la valla
23:36que él sabía que estaba en mal estado». «Llevarían consigo sólo lo indispensable. Algo de dinero que
23:46Ángela había logrado ahorrar y esconder, un poco de comida y agua». «Su destino era el norte, hacia
23:55Francia, un lugar donde los nombres y los títulos no significaban nada, donde podrían empezar de cero,
24:01ser simplemente Curro y Ángela». «Esta noche», susurró él contra su cabello, «cuando la casa esté en
24:11silencio, después de la última ronda del guarda». «Te esperaré junto al viejo roble, en el límite del
24:21bosque». «Allí estaré», prometió ella, sellando su pacto, su futuro, con otro beso.
24:31Leocadia, en la habitación, sólo veía la obstinación en el rostro de su hija. No veía la
24:37planificación meticulosa, la esperanza desesperada que la impulsaba. Creía que todavía tenía tiempo
24:47para hacerla entrar en razón, para manipularla, para forzarla a aceptar su destino. No sospechaba
24:56que el destino de Ángela ya no estaba en sus manos. Nada la detendría esta vez.
25:04La cuenta atrás había comenzado. Mientras el drama de los señores se desarrollaba en los salones y
25:09aposentos, una tiranía de nuevo cuño se instauraba en las entrañas del palacio, en el mundo del servicio.
25:17Don Cristóbal, el nuevo mayordomo, había decidido que la laxitud y la familiaridad eran el cáncer de
25:25la promesa, y él era el cirujano llamado a extirparlo. Reunió a todo el personal en el
25:34gran comedor de servicio, su postura rígida y su mirada fría barriendo la estancia.
25:38A partir de hoy, anunció con una voz desprovista de cualquier calidez, se implementará un nuevo
25:48sistema para garantizar la eficiencia y la disciplina en esta casa.
25:55Se acabaron las charlas en los pasillos, los descansos no autorizados y, desde luego,
26:00la insubordinación. Yana, que estaba de pie junto a Ricardo y Candela, sintió un escalofrío. La energía
26:12que emanaba de Cristóbal era gélida, cruel.
26:14He creado un sistema de faltas. Continuó, paladeando cada palabra. Cualquier infracción,
26:24por pequeña que sea, será anotada.
26:26Una falta leve, como un retraso de un minuto, será una advertencia. Una falta moderada, como responder
26:37con impertinencia, acarreará una sanción, posiblemente económica. Una falta grave, hizo
26:46una pausa, disfrutando del efecto que sus palabras tenían en los rostros tensos que
26:51lo miraban. Significará el despido inmediato. Y créanme, seré muy estricto a la hora de calificar
27:01la gravedad de sus errores. Un murmullo de incredulidad y miedo recorrió la sala.
27:09Ricardo, que había servido a los Luján durante décadas con una lealtad intachable, no pudo
27:14contenerse. Con el debido respeto, señor Cristóbal, dijo, su voz ronca por la indignación. Esto parece
27:25más un cuartel que una casa. Somos personas, no máquinas. Los ojos de Cristóbal se clavaron
27:35en él. Primera falta moderada, Ricardo. Insubordinación, queda anotado, se giró hacia el resto. ¿Alguien
27:46más quiere estrenar el sistema? El silencio fue absoluto. Nadie se atrevió a respirar. Pero
27:56Cristóbal no había terminado. Necesitaba dejar claro quién mandaba, y para ello, necesitaba
28:05víctimas. Sus ojos se posaron en Candela, que estaba removiendo nerviosamente un puchero
28:10en la cocina, tratando de hacerse invisible. Candela, esa sopa, está a la temperatura adecuada
28:20para la cena de los señores. Candela, sobresaltada, tartamudeó. Sí, señor.
28:30La mantengo al fuego lento para que no se enfríe. Cristóbal se acercó, cogió una cuchara,
28:36la introdujo en el puchero y la probó con un gesto teatral.
28:40Su rostro se contorsionó en una mueca de disgusto. Está tibia. Casi fría. Esto es
28:49inaceptable. Es un insulto al paladar del marqués. Falta grave. Candela se quedó sin
28:57aire. Falta grave, pero si faltan dos horas para la cena. Iba a calentarla justo antes
29:03de servir. Las excusas son el refugio de los incompetentes. Sentenció Cristóbal. Y
29:12usted, Ricardo, como jefe de servicio, es el responsable último de la incompetencia de
29:17su personal. Son los primeros en mi lista. Un error más, uno solo, por parte de cualquiera
29:26de ustedes dos. Y estarán en la calle antes de que cante el gallo.
29:33Ha quedado claro. Ricardo y Candela se miraron, sus rostros un lienzo de estupefacción y humillación.
29:39No podían creer lo que estaba ocurriendo. Habían dedicado sus vidas a la promesa, y
29:48ahora un recién llegado los trataba como a delincuentes, amenazándolos con el despido
29:52por una sopa que ni siquiera se había servido.
29:54La nueva tiranía de Cristóbal había comenzado, y sus primeras víctimas ya sentían el filo
30:04helado de su hacha sobre sus cuellos. El miedo, un miedo agrio y corrosivo, empezó a extenderse
30:14por las cocinas y los pasillos de servicio. La promesa ya no era un hogar para ellos. Se
30:23había convertido en una prisión. En un rincón apartado de esa misma prisión, Petra se consumía
30:28lentamente. El dolor, que había comenzado como una molestia sorda en su costado, se
30:37había convertido en un tormento incesante, una garra incandescente que la apretaba sin
30:42piedad. Cada respiración era un esfuerzo, cada movimiento una agonía. Había intentado
30:51ocultarlo, seguir con sus tareas con la misma eficiencia marcial de siempre, pero el sufrimiento
30:56era un mal actor y se le notaba en el rostro pálido, en las ojeras profundas, en el sudor
31:01frío que le perlaba la frente.
31:07Finalmente, la marquesa, más por la molestia de verla arrastrarse por los pasillos que por
31:12genuina preocupación, ordenó que llamaran al doctor Salazar. El médico, un hombre de
31:20mediana edad con ojos amables pero perspicaces, la examinó en la pequeña y austera habitación
31:25de Petra.
31:30El ambiente era tenso. Petra odiaba mostrarse vulnerable, odiaba la debilidad más que a nada
31:35en el mundo, y ahora estaba postrada en su cama, a merced de las manos de un extraño
31:40que palpaba su cuerpo dolorido.
31:46«Respire hondo, por favor», dijo el doctor con voz tranquila. Petra obedeció, y un gemido
31:52agudo se le escapó de los labios al sentir una punzada de dolor insoportable.
31:56El doctor Salazar frunció el ceño, su rostro volviéndose serio. Continuó con el examen
32:05en silencio durante varios minutos, mientras Petra apretaba los dientes, luchando contra
32:10las lágrimas de dolor y frustración.
32:16Cuando terminó, se sentó en la única silla de la habitación. Petra, el dolor que siente
32:21es agudo. La inflamación es considerable, no voy a andarme con rodeos. Si no se cuida,
32:31esto puede derivar en algo mucho más grave.
32:37«¿Qué tengo, doctor?», preguntó ella, la voz apenas un susurro. Es una afección interna
32:43que requiere tratamiento inmediato.
32:44«Le recetaré una medicación más fuerte para controlar el dolor y la inflamación». Pero
32:53el medicamento por sí solo no hará milagros.
32:59Lo que necesita, por encima de todo, es descanso. Descanso absoluto e inmediato. La palabra descanso
33:06sonó a sentencia de muerte en los oídos de Petra. Descansar significaba ser inútil,
33:14significaba dejar su puesto, sus responsabilidades, su única fuente de identidad y poder en esa
33:20casa. Significaba darle a otros, a sus rivales, la oportunidad de ocupar su lugar. «No puedo
33:29descansar, doctor», replicó con una terquedad nacida de la desesperación. «La marquesa
33:39me necesita, la casa no funciona sin, la casa seguirá funcionando», Petra. La interrumpió
33:45el doctor con una firmeza amable. «Pero usted no lo hará si no sigue mis indicaciones. ¿De
33:53qué le servirá a la marquesa si acaba postrada permanentemente o, peor aún, en una mesa de
33:58operaciones?». Su lealtad es admirable, pero en este momento, es contraproducente.
34:08Su primera lealtad debe ser hacia su propia salud. El diagnóstico fue claro como el agua,
34:13y tan frío como el hielo. Petra estaba enferma, debilitada, y la única cura era hacer aquello que
34:22más despreciaba, detenerse. Mientras el doctor Salazar escribía la receta, Petra cerró los ojos.
34:33El dolor físico era atroz, pero el dolor de sentirse frágil, prescindible, era infinitamente
34:39peor. La enfermedad no solo atacaba su cuerpo, atacaba el núcleo mismo de su ser, la armadura que
34:48había construido a su alrededor durante toda una vida. Y por primera vez, sintió que esa armadura se
34:58resquebrajaba, dejándola expuesta y terriblemente sola en la penumbra de su pequeña habitación.
35:07El sol se ponía fuera, tiñendo el cielo de naranjas y púrpuras, pero para Petra,
35:12una larga y oscura noche no hacía más que comenzar.
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