La exitosa operación de rescate de los tripulantes del F-15 ha supuesto un respiro político para Donald Trump en el que probablemente ha sido su fin de semana más complicado desde su regreso al poder. Este alivio llega después del fracaso de su estrategia inicial, que apostaba por una intervención rápida en Irán, y del inesperado bloqueo del Estrecho de Ormuz, un factor que ha agravado la crisis. Sin embargo, ni siquiera los habituales eslóganes de tono bélico promovidos por la Casa Blanca, como «no dejaremos a nadie atrás», logran disimular el carácter cada vez más caótico de un conflicto que, en un principio, se diseñó para resolverse en cuestión de días. Lejos de ese objetivo, la guerra ya se encuentra en su quinta semana, sin señales claras de un desenlace próximo. La prolongación del enfrentamiento ha generado incertidumbre tanto en el ámbito político como en el militar, evidenciando fallos de cálculo y una planificación insuficiente. Por ahora, la operación «Furia Épica», nombre con el que Washington bautizó la ofensiva contra Irán, deja más interrogantes que certezas sobre su desarrollo, sus consecuencias y su posible resolución a corto plazo.
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