Gabriel Castillo Amador tiene cuatro años y ya entiende el lenguaje de la música. Desde un podio improvisado con una caja de galletas y una batuta de madera, dirige piezas de Chaikovski con una precisión que asombra a expertos. Tras dirigir a la Orquesta Típica de Puebla, este pequeño demuestra que la vocación no tiene edad.
Comentarios