La seguridad en las viviendas de Madrid se enfrenta a un desafío constante: la profesionalización de bandas itinerantes que han hecho del asalto a domicilios su único "medio de vida". Frente a ellos se encuentra el Grupo 11 de la Brigada de la Policía Judicial, una unidad de élite compuesta por 11 agentes especializados en conectar puntos que, a simple vista, parecen inconexos. Su labor no se centra en el delincuente común, sino en organizaciones criminales que operan con una precisión casi quirúrgica.
El trabajo de estos investigadores comienza donde termina el de las patrullas de seguridad ciudadana. Mientras que un robo aislado puede parecer un suceso fortuito, el Grupo 11 busca la firma de la mafia tras el bombín forzado. «Muchos robos empiezan siendo hechos simples. Pero comparas uno con otro y ves que hay un patrón. Entonces ya empiezas a investigar», explica el inspector jefe de la unidad. Esta metodología permite identificar el uso de herramientas específicas, horarios coincidentes y formas de acceso que delatan la presencia de una banda organizada.
El éxito de esta estrategia es evidente: el pasado verano, la unidad logró vincular a dos detenidos con una oleada de criminalidad frenética, sumando «treinta hechos que hemos podido demostrar que eran suyos» en un periodo de apenas quince días. Uno de los mayores obstáculos para la Policía Nacional es la movilidad de estos grupos, formados principalmente por ciudadanos de países del Este que no dejan rastro en el territorio nacional. Estas mafias actúan de forma intensa durante una o dos semanas y abandonan el país antes de ser detectadas. «No tienen arraigo aquí.
Vienen, roban y se van. Muchas veces no tenemos ni antecedentes en España de esas personas», señala el mando policial. A esto se suma una complicación burocrática en sus países de origen que dificulta el rastreo de antecedentes penales. Según los investigadores, las normativas extranjeras permiten cambios de identidad que borran el rastro delictivo: «Puedes encontrarte con personas que entran con una filiación y tiempo después vuelven con otra distinta y ambas son legales».
Lejos de buscar víctimas concretas, estas bandas realizan un análisis de la vulnerabilidad de los inmuebles. Se desplazan de forma discreta en transporte público o coches de alquiler, alojándose en pisos turísticos o hostales para pasar desapercibidos. Su prioridad son los edificios sin cámaras de seguridad o portero físico. Una vez logran franquear el portal, eligen la vivienda basándose en la resistencia de su cerradura. La pericia técnica de estos delincuentes es tal que, según advierte el inspector, «solo con ver el bombín saben si pueden abrirlo o no». Por ello, la cooperación internacional y la mejora de los sistemas de seguridad en el hogar se presentan como las únicas barreras efectivas contra estas mafias de paso por la capital.
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