La tensión geopolítica en Oriente Próximo ha alcanzado un punto de inflexión tras las declaraciones del secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, durante la cumbre de urgencia del G7 celebrada en Vaux-de-Cernay, a las afueras de París. En un contexto marcado por la inestabilidad de los mercados energéticos, Washington ha puesto fecha de caducidad a su intervención militar, asegurando que el conflicto entrará en una nueva fase diplomática en el corto plazo. Casi un mes después de que comenzaran los bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero, Rubio ha trasladado un mensaje de optimismo sobre la consecución de las metas estratégicas. El jefe de la diplomacia estadounidense fue tajante respecto a la prioridad de la operación: "No podemos dejarlos (a los dirigentes de Irán) que construyan una arma nuclear para amenazar al mundo. Como el Departamento de Guerra ya ha dicho, estamos adelantados en nuestro plan y lo terminaremos en el momento adecuado, cuestión de semanas, no más". Incluso, según fuentes diplomáticas, el secretario de Estado precisó que la Casa Blanca planea concluir estas acciones "en las dos próximas semanas" y, significativamente, "sin desplegar tropas sobre el terreno". Pese a este avance militar, el régimen iraní ha enviado ciertos "mensajes" que sugieren una disposición al diálogo, aunque todavía no han respondido formalmente al plan de paz propuesto por la administración Biden-Trump para finalizar la contienda. Uno de los puntos de mayor fricción en la cumbre del G7 ha sido la seguridad en el estrecho de Ormuz, un enclave vital para el abastecimiento energético global situado entre Irán y Omán. Ante la posibilidad de que Irán establezca un "sistema de peaje" en la zona, el G7 ha hecho un llamamiento a la "necesidad absoluta de restablecer la navegación libre y segura". Rubio ha dejado claro que Estados Unidos no asumirá el liderazgo único de esta vigilancia marítima, instando a las potencias asiáticas y europeas a asumir su responsabilidad: "Nosotros no tenemos que liderar ese plan, estaremos contentos de participar en él. Hay muchos países, no solo los del G7, también los de Asia, que se arriesgan mucho (con el cierre de Ormuz) y deberían contribuir más a ese esfuerzo, a que el estrecho sea un paso seguro". Por su parte, Francia ha propuesto un sistema de "escolta" para los buques mercantes una vez se alcancen los objetivos militares. A pesar del comunicado conjunto final, la cumbre no ha ocultado las profundas diferencias entre Washington y sus socios europeos. Los ministros de Exteriores del bloque comunitario han exigido una "clarificación" sobre las operaciones militares y han condicionado su apoyo en Ormuz a una desescalada real del conflicto. El tono de Marco Rubio, quien se incorporó a la reunión con un día de retraso, no facilitó el consenso inicial. Al ser cuestionado por su actitud frente a los aliados, el secretario de Estado respondió con dureza: "Creo que deberían estar contentos de que esté aquí, aunque no he venido para hacerles felices". Mientras la diplomacia intenta abrirse paso, la comunidad internacional observa con cautela si, efectivamente, el fin de la guerra llegará en el plazo de dos semanas anunciado por el Departamento de Estado.
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