La realidad cotidiana en Cuba se ha convertido en una carrera de obstáculos contra la oscuridad. Tras décadas de inestabilidad, la isla atraviesa uno de sus momentos más críticos en cuanto a suministro eléctrico, obligando a sus ciudadanos a recurrir a soluciones desesperadas para mantener una "vida relativamente normal". Los recientes cortes de luz nacionales han dejado imágenes desoladoras, como el gran apagón del pasado lunes que se prolongó durante 12 horas seguidas. La parálisis energética no es un hecho aislado, sino la consecuencia de una tormenta perfecta: el país lleva tres meses sin recibir crudo y el Gobierno señala directamente a la presión externa, denunciando que "Estados Unidos sigue bloqueando al país". Ante la falta de gasolina y diésel, el característico sonido de los motores auxiliares —ese constante "traqueteo"— se ha vuelto la banda sonora de la supervivencia en las ciudades cubanas, al menos hasta que el combustible almacenado se agota. Sin embargo, donde las vías convencionales fallan, emerge la inventiva local. El caso de Juan Carlos, un mecánico que ha acaparado miradas, simboliza esta resistencia. Ante la imposibilidad de repostar, ha "tuneado un coche para que su combustible sea el carbón". Esta técnica, que evoca tiempos de guerra, se ha convertido en una solución accesible y directa para no detener el ritmo de trabajo y transporte en un entorno donde el petróleo es un lujo inexistente. Conscientes de que el modelo actual es insostenible, las autoridades y la población civil están girando la vista hacia el cielo. Las privilegiadas condiciones climáticas de la isla permiten que las largas horas de sol se intenten rentabilizar mediante el uso de placas fotovoltaicas. No obstante, el camino hacia la soberanía energética es todavía largo y costoso. En la actualidad, este tipo de instalaciones, a pesar de su alto precio, "solo suplen el 10% de la demanda" energética nacional. Para revertir esta cifra, se ha puesto en marcha un ambicioso plan que incluye las "3.000 instalaciones nuevas" que, junto al esfuerzo ciudadano, buscan esa "necesaria independencia energética" que permita a Cuba dejar atrás la era de los apagones y los motores de carbón.
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