El candidato del Carlos Martínez a la Presidencia de la Junta de Castilla y León no fue el único, ni siquiera el principal responsable de los tres escaños que el Partido Socialista Obrero Español logró en las urnas en estas elecciones. Una parte importante de ese resultado se explica por la irrupción de Alvise Pérez y su candidatura, Se Acabó La Fiesta (SALF).
De hecho, si la formación del eurodiputado no hubiera concurrido a los comicios, es muy probable que esos tres escaños hubieran acabado en manos de Santiago Abascal y su partido, Vox. En al menos tres provincias, el número de votos obtenido por SALF superó la distancia que le faltó a Vox para alcanzar un diputado adicional. Esa fragmentación del voto en el espacio político de la derecha radical terminó favoreciendo indirectamente a los socialistas, que pudieron conservar escaños que, en otras circunstancias, habrían cambiado de manos.
Más allá del resultado concreto de esta cita electoral, la situación podría convertirse en un motivo de preocupación para Vox. La aparición de nuevas candidaturas capaces de atraer parte de su electorado amenaza con dividir ese voto en futuras convocatorias. Con el calendario político avanzando y con la mirada ya puesta en Andalucía, este escenario podría repetirse en próximos procesos electorales.
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