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Hay que remontarse hasta septiembre de 2017 para ver a siete jefes de Estado de América Latina coincidiendo en un mismo espacio. Y fue fuera de casa, durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Donald Trump llevaba nueve meses en la Casa Blanca, al frente de una presidencia que apenas insinuaba lo que vendría más tarde. Han pasado ocho años, Trump está de nuevo en el poder para un segundo mandato y el mundo está patas arriba. La ultraderecha avanza en la región, los gobiernos de izquierda hacen malabares para sobrevivir a la guerra arancelaria y a la amenaza militar de Trump (ya ha intervenido en Venezuela), y las reglas que ordenaron el mundo desde el fin de la II Guerra Mundial han volado por los aires. Este escenario da idea de la dimensión geopolítica que tiene el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026 que se celebra desde este miércoles en Panamá, organizado por CAF-banco de desarrollo de América Latina y el Caribe, con el apoyo del Grupo Prisa (editor de EL PAÍS) a través del foro World in Progress (WIP). Una cita pensada principalmente para afianzar lazos comerciales que se convirtió hoy en una cumbre multilateral regional de alto contenido político, un necesario Davos latinoamericano. Siete jefes de Estado, un presidente electo y 6.000 invitados debatieron sobre el papel de América Latina en el nuevo mundo.

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