Esta pequeña localidad de 4.000 habitantes y con una fuerte industria del aceite de oliva, vio interrumpida su tranquilidad tras el accidente del Iryo y el Alvia. Nunca antes había habida tanta presencia policial ni medios de comunicación. Y nunca antes el pueblo se había mostrado tan solidario.
Sus habitantes no dudaron en ponerse a disposición de los afectados, llevando mantas, agua, colchones o preparando centenares de bocadillos y platos de comida para los heridos, familiares o miembros de las fuerzas de Seguridad y equipo de rescate.
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