Hay batallas que no se anuncian, guerras internas que no llevan bandera y silencios que pesan más que cualquier grito, porque cada ser humano camina con un mundo invisible sobre los hombros. En ese mundo se acumulan recuerdos, decisiones no tomadas, palabras que nunca salieron y promesas que se hicieron en voz baja. Y aun así, cada mañana alguien se levanta, se viste, sale y cumple, aunque por dentro esté reconstruyéndose. Eso también es valentía, aunque nadie lo vea, aunque nadie lo celebre. La vida no siempre pide fuerza, a veces pide resistencia, y resistir es una forma silenciosa de coraje. No todo lo que duele se muestra, no todo lo que pesa se comparte, y sin embargo todo lo que se enfrenta transforma.
El crecimiento real casi nunca es cómodo, porque todo lo que te hace más grande primero te estira por dentro. Hay días en los que el cuerpo avanza y el alma va unos pasos atrás, y en esos días lo único que sostiene es la decisión de no rendirse. La disciplina es amor propio en acción, aunque al principio parezca sacrificio. No se trata de ser perfecto, se trata de ser constante, porque la constancia construye lo que el impulso solo imagina. Cada pequeño acto repetido es un ladrillo más en la estructura del futuro, y nadie construye grandeza en un solo día.
A veces el pasado vuelve a tocar la puerta con la voz de la duda, pero lo que ya fue no tiene permiso para dirigir lo que será.
Sé la primera persona en añadir un comentario