El Cristo de Báscones yace; hace el amor, aunque parezca inerte.
Yace, blanco, el Dios-Hombre, al que los hombres continuamente fornicamos.
Luce el blanco sereno de la cara, que está besando la prístina brisa de esta tierra helada.
Un céfiro blanco desenreda sus pelos nacarados, como una nieve escasa. Y un remolino blanco cose su pelo al suelo, virgen y cande.
El Cristo de Báscones yace; hace el amor, aunque parezca inerte.
Yo me atrevo a ponerlo de pie, - yo, de rodillas, suplicante -. Y el Cristo de Báscones sonríe; deja de yacer, dormido. Y un remolino blanco cuelga su pelo del cielo, virgen y cande.
El Cristo de Báscones yace; hace el amor, aunque parezca inerte.
Es como esta tierra, que espera; yaciente, paciente, y blanca.
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