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La Promesa: Curro Contra Lorenzo: La ConfesióN Que Lo Devuelve A La CáRcel
Transcript
00:00Curro contra Lorenzo. La confesión que lo devuelve a la cárcel. El regreso de Lorenzo a la promesa
00:16convierte el palacio en un campo de batalla silencioso. El capitán de la mata vuelve con
00:23una sola idea fija, la venganza. Su arrogancia y sed de poder siembran el terror entre criados
00:29y señores, pero esta vez encuentra un rival inesperado en Curro. El joven, marcado por las
00:37cicatrices del pasado, ya no teme al capitán. Su determinación lo lleva a descubrir en la guarida
00:43de Lorenzo una prueba impactante. Una carta que podría ser su sentencia definitiva. A partir de
00:50ese hallazgo, la tensión alcanza un punto de no retorno. Arrestos, traiciones, revelaciones familiares
00:58y un giro aterrador que pondrá en duda quién es realmente el héroe y quién el verdadero villano
01:03en la sombra. ¿Será esta la caída final de Lorenzo? ¿O solo el comienzo de una guerra más
01:10oscura dentro de la promesa? El aire en la promesa se había vuelto denso, casi irrespirable, desde el
01:18instante en que la silueta de Lorenzo, capitán de la mata, se recortó de nuevo en el umbral de la
01:24entrada principal. No regresaba como un hombre derrotado, ni siquiera como alguien que busca
01:31redención. Volvía con el paso firme de un conquistador, la cabeza alta y una sonrisa cínica,
01:39casi tallada en mármol, que no abandonaba sus labios.
01:45Había conseguido la libertad provisional, un tecnicismo legal, un favor pagado con dinero
01:50y amenazas susurradas en los despachos correctos. Para los habitantes del palacio, desde los señores
01:59en sus salones hasta el último mozo en las cocinas, aquella libertad no era más que una farsa, un
02:05preludio de la tormenta que se avecinaba. Todos, sin excepción, sentían un escalofrío helado recorrerles
02:13la espalda. El capitán de la mata había vuelto con un único y oscuro propósito, la venganza.
02:21Y su sed era insaciable. El palacio, que por unas semanas había respirado un frágil alivio,
02:27se sumió de nuevo en una atmósfera de tensión y miedo contenido.
02:33Los criados se movían con más sigilo por los pasillos, sus conversaciones eran susurros ahogados
02:38y sus miradas, fugaces y cargadas de aprensión. Temían encontrárselo en cualquier esquina,
02:47temían su voz de mando, su mirada despectiva que los desnudaba y los hacía sentir insignificantes.
02:55Lorenzo disfrutaba de aquel poder, se alimentaba del terror que inspiraba. Era su particular forma
03:01de reafirmar un dominio que sentía que le habían arrebatado injustamente.
03:05Pero en medio de aquel mar de temor, había una isla de pura y concentrada rabia. Curro.
03:14El joven ya no era el muchacho asustadizo que había llegado a la promesa. Las cicatrices de su
03:19alma eran ahora el blindaje de su espíritu. No sentía miedo ante la imponente figura de Lorenzo,
03:26sentía un odio profundo, una llama ardiente que le exigía justicia. Había sido él quien,
03:33con valentía, había contribuido a encerrarlo la primera vez, y no dudaría en hacerlo de nuevo.
03:41Estaba convencido de que, tras la fachada de arrogancia del capitán, se escondía un cobarde,
03:47y estaba dispuesto a arrancarle la máscara de una vez por todas. Su determinación era un faro en la
03:54oscuridad, aunque no sabía que ese mismo faro atraería a la más violenta de las tempestades.
03:59Estaba a punto de urdir un plan impactante, nacido de una revelación aterradora que encontraría en el
04:07lugar más insospechado, la propia guarida del lobo. Lo que descubriría en la habitación de Lorenzo no
04:14sólo provocaría un giro inesperado en la trama de sus vidas, sino que lo convertiría en un héroe a
04:20los ojos de todos, devolviéndole el honor y el título que le correspondían. Sin embargo,
04:27un detalle final, casi imperceptible, sembraría una nueva y aterradora duda en el corazón de todos.
04:35El regreso de Lorenzo fue una calculada obra de teatro. Entró por la puerta principal como si el
04:40mundo le perteneciera, arrojando sus guantes de cuero sobre una bandeja de plata que sostenía
04:46un lacayo tembloroso, sin siquiera dignarse a mirarlo. Su paseo por el gran salón fue lento,
04:53deliberado. Cada paso de sus botas lustradas resonaba sobre el mármol como un martillazo,
04:59un anuncio de su indiscutible presencia. Ignoró las miradas de repudio de los criados,
05:06el silencio tenso de los señores que se encontraron con él.
05:09Para Lorenzo, no eran más que atrezo en el escenario de su vida. Su mirada recorría los
05:16retratos, los tapices, los muebles antiguos, no con aprecio, sino con el aire de un hombre
05:23que revisa sus posesiones, asegurándose de que nada ha cambiado, de que todo sigue bajo su control.
05:30Horas más tarde, la escena era radicalmente distinta, pero la esencia de su arrogancia
05:35permanecía intacta. Se encontraba en sus aposentos, despatarrado en una butaca de terciopelo granate,
05:44con las botas aún sucias de barro del camino apoyadas con descaro sobre una delicada mesa
05:49de caoba. Era un acto de profanación, una forma de marcar su territorio, de decir he vuelto y esta es
05:58Miley. En la chimenea, el fuego crepitaba débilmente, proyectando sombras danzantes sobre las paredes
06:06y lamiendo con su luz anaranjada la sonrisa burlona que se dibujaba en su rostro. Sostenía
06:13una copa de brandy, observando cómo el líquido ambarino se arremolinaba con un movimiento perezoso
06:18de su muñeca. Estaba esperando, sabía que había dado la orden y disfrutaba anticipando la humillación
06:26que estaba a punto de infligir. La puerta se abrió con un suave chirrido y Curro entró. Llevaba una
06:33bandeja de plata con un servicio de té, tal y como se le había ordenado. Su rostro era una máscara de
06:40neutralidad, pero sus hombros estaban tensos, su postura rígida. Cada músculo de su cuerpo estaba
06:49en alerta, preparado para el ataque verbal que sabía inminente. Lorenzo ni siquiera se movió.
06:56Su voz, grave y untada en sarcasmo, rompió el silencio.
07:02Vaya, vaya, mira a quién me han enviado como criado personal. Dijo, sin apartar las botas de la mesa.
07:11El bastardo del marqués, sirviéndome el té. Desde luego, el destino tiene un retorcido sentido
07:17del humor. Esto sí que es un regalo de bienvenida. Sírveme, Curro, anda, acércate, pero ten mucho
07:25cuidado de no derramarlo. Sé de buena tinta que los lacayos como tú no suelen tener mucho talento
07:32para las tareas delicadas. Curro permaneció en silencio. Avanzó con paso firme y seguro,
07:39controlando el temblor de sus manos. Colocó la bandeja sobre la mesa, junto a la butaca,
07:47haciendo un esfuerzo consciente por no mirar las botas sucias que mancillaban la madera pulida.
07:54Sirvió el té en la taza de porcelana con una precisión milimétrica, el líquido caliente cayendo
07:59en un hilo perfecto, sin salpicar una sola gota. Lorenzo tomó la taza, pero antes de llevársela
08:07a los labios, la sostuvo en el aire, usándola como un cetro para dictar su desprecio.
08:14¿Qué bajo ha caído el destino, no te parece? Continuó, paladeando cada palabra.
08:21Tú, que un día fuiste tratado como el hijo legítimo de la difunta hermana de la marquesa,
08:26paseándote por estos pasillos con aires de señorito. Y ahora, ahora no eres más que un
08:33portabandejas. Un don nadie. Mira, ni siquiera puedes usar el apellido Luján. Y, ¿sabes qué?
08:40Es mejor así. El nombre de una familia tan ilustre quedaría manchado para siempre si lo
08:45llevara alguien como tú. Un error, un producto de la debilidad y el pecado.
08:50Cada palabra era un latigazo. Curro sintió la sangre hervir en sus venas. Apretó los puños con
08:58tanta fuerza que las uñas se le clavaron en las palmas, pero su rostro no traicionó la tormenta
09:03que se desataba en su interior. Controló la rabia, la canalizó en una frialdad cortante.
09:09He terminado el servicio, señor. Dijo, con la voz desprovista de emoción.
09:16Si no necesita nada más, me retiro. No tan rápido. Replicó Lorenzo, y esta vez sí se movió.
09:26Dejó la taza con un golpe seco sobre el platillo y se levantó de la butaca con una lentitud felina.
09:33Caminó despacio, rodeándolo, como un depredador que estudia a su presa. Se detuvo justo frente a
09:39él, tan cerca que Curro podía oler el aroma rancio del brandy en su aliento.
09:46Lo miró de arriba abajo, con una mueca de asco. Aún no he acabado contigo. Quiero que me quites
09:52las botas. Ordenó, su voz ahora un susurro venenoso. Has oído bien. Eso mismo. De rodillas,
10:01Curro. Quiero que te arrodilles y me quites estas botas. Demuéstrame que por fin has entendido cuál es
10:08tu lugar en este mundo. Curro lo miró fijamente a los ojos. Eran dos pozos oscuros llenos de maldad.
10:16No se movió. El desafío se instaló en el aire, denso y palpable.
10:22Hago lo que se me ordena en mi trabajo, Lorenzo. Respondió, y el uso de su nombre de pila, sin el
10:28señor, fue una bofetada. Soy un criado, sí, pero no soy tu perro. Quítatelas tú mismo. La respuesta
10:38encendió una chispa de furia en los ojos de Lorenzo. La sonrisa desapareció, reemplazada por una máscara
10:46de ira. Dio un paso más, pegando su rostro al de Curro, su voz un siseo amenazante.
10:52¿Te atreves? ¿Te atreves a desafiarme en mis propios aposentos? ¿Quién demonios te crees que
10:59eres aquí dentro? No eres más que un error de la naturaleza, una mancha que nunca debió existir.
11:06Y te diré algo más, para que te quede bien claro. Voy a acabar contigo, Curro. Voy a destruirte.
11:14No importa cuánto intentes resistir, cuánto te escondas bajo las faldas de tus protectores.
11:19Un día, te despertarás y no tendrás absolutamente nada. Te despojaré de todo,
11:26te humillaré hasta que no quede ni un ápice de esa ridícula valentía que ahora finges tener.
11:33Pero Curro no retrocedió, ni un centímetro. Soportó la cercanía, la amenaza, el odio que
11:39emanaba de aquel hombre. Y cuando habló, su voz salió firme, un grito contenido cargado de toda
11:46la rabia y el dolor que había acumulado. No te tengo miedo, Lorenzo. Ya no, ya te metí en la
11:54cárcel una vez. Ya vi de cerca lo que es la cobardía, y tú eres su vivo retrato. Puedes
12:01humillarme, puedes amenazarme todo lo que quieras, pero te juro por lo más sagrado que volveré a
12:07meterte entre rejas. Y esta vez, Lorenzo, esta vez será para siempre. Para que no salgas nunca
12:15más. El silencio que siguió fue pesado, cargado de electricidad. Lorenzo entornó los ojos, estudiando
12:23el rostro desafiante del joven. La sorpresa inicial dio paso a una lenta y cruel sonrisa que volvió a
12:29dibujarse en sus labios. No esperaba tanta resistencia. Y eso, extrañamente, le divertía.
12:38Pues que empiece la guerra, bastardo. Siseo. Veremos quién de los dos queda en pie al final.
12:46Curron no esperó a ser despedido. Se dio la vuelta con un movimiento brusco y salió de la habitación,
12:52sus pasos firmes y acelerados resonando en el pasillo.
12:54Dejaba atrás a Lorenzo, que soltó una risa grave y gutural, una risa satisfecha por la tensión
13:03creada, convencido de que la primera batalla de esa guerra la había ganado él. No podía estar más
13:10equivocado. Acababa de encender una mecha que no podría apagar. Al día siguiente, Lorenzo no perdió
13:17un solo instante en su campaña de intimidación. Se paseó por el palacio como un pavo real,
13:25buscando roces, provocando con miradas y comentarios velados.
13:31Su objetivo no era solo curro, era reafirmar su poder sobre todos, recordarles que su influencia,
13:37aunque mermada, seguía siendo peligrosa.
13:40Tras una mañana de merodeo y de sembrar incomodidad, decidió que era el momento de
13:47enfrentarse a una pieza clave en su tablero, Leocadia. Conocía su ambición y su falta de
13:54escrúpulos, y aunque su alianza siempre había sido frágil, basada en intereses mutuos, estaba
14:00seguro de que podría doblegarla a su voluntad. Golpeó con fuerza la puerta de sus aposentos,
14:06dos golpes secos y autoritarios, y entró sin esperar permiso.
14:13Leocadia estaba sentada frente a su tocador, un elegante mueble de madera de nogal, arreglándose
14:19el cabello con gestos lentos y precisos. La irrupción no pareció sorprenderla. Lo
14:25observó a través del reflejo del espejo, su expresión tan fría y pulida como la superficie
14:31del cristal. Necesitamos hablar, dijo Lorenzo, su voz cargada de esa arrogancia innata. Cerró
14:39la puerta tras de sí, aislando la habitación del resto del mundo.
14:45Sabes muy bien que he vuelto, pero mi situación es delicada. Esta libertad provisional es un
14:51hilo del que pende mi futuro. En cualquier momento, una nueva prueba, un juez menos influenciable,
14:58y podrían llevarme de vuelta al calabozo por esas estúpidas acusaciones.
15:05Necesito tu ayuda para librarme de esto de una vez por todas. Tienes influencia, tienes
15:11contactos en lugares a los que yo ya no llego.
15:15No vas a dejarme tirado ahora, ¿verdad? Leocadia dejó el cepillo de plata sobre el tocador
15:21con un movimiento deliberado. Su mirada, a través del espejo, era gélida, calculadora.
15:29No había en ella ni un rastro de la antigua camaradería.
15:33Has venido al lugar equivocado, Lorenzo. Respondió, su tono tan afilado como un estilete.
15:39Si quieres un consejo, uno de amigo, mantente muy lejos de mí. No pienso involucrarme en tus
15:47problemas. Eres tóxico, si estás en libertad, disfrútalo mientras dure. Pero no intentes
15:54arrastrarme contigo a tu pozo de inmundicia. Lorenzo soltó una risa corta, seca, desprovista
16:01de humor. Se acercó unos pasos, su sombra proyectándose sobre ella. No juegues conmigo,
16:08Leocadia. Sabes tan bien como yo que es demasiado tarde para querer desvincularte de mí.
16:15Siempre hemos sido aliados, socios en la sombra. Todo lo que hicimos, cada plan, cada engaño,
16:21lo hicimos juntos. Nuestra fortuna y nuestra posición se construyeron sobre los mismos cimientos
16:29podridos. Si yo caigo, te aseguro que no caeré solo. Tú caes conmigo. Leocadia se levantó despacio,
16:39girándose para enfrentarlo cara a cara. Ahora era ella quien lo miraba de arriba abajo,
16:46sus ojos llenos de un desprecio absoluto. ¿Alianza? Estás muy equivocado, querido. Ese
16:53pacto se rompió el día que dejaste que te atraparan. Ya no te necesito. Me has demostrado que no eres lo
17:00bastante listo, ni lo bastante fuerte, para ser mi aliado. A la primera de cambio, un simple lacayo,
17:09un muchacho sin nombre, consiguió derribarte y meterte entre rejas. Eres débil, Lorenzo, un lastre,
17:17y yo no cargo con lastres. Las palabras fueron como puñales, hiriendo profundamente su orgullo.
17:26El rostro de Lorenzo se contrajo en una máscara de furia, apretó los puños y se acercó aún más,
17:32su respiración agitada. Ten mucho cuidado con lo que dices, Leocadia, gruñó, su voz un murmullo
17:40peligroso. No olvides que conozco cada detalle de nuestros negocios, cada extorsión, cada fraude,
17:49cada secreto inconfesable. Si vuelves a menospreciarme, si se te ocurre darme la espalda,
17:57te juro que lo sacaré todo a la luz. Cantaré como un jilguero ante el juez, y no sólo sobre mí,
18:04sobre ti, sobre cada crimen, cada jugada sucia que hicimos juntos. Si caigo, tú caerás conmigo,
18:13y lo harás de la forma más humillante y vergonzosa posible.
18:19En ese preciso instante, la puerta de los aposentos se abrió de golpe. Cristóbal,
18:25el mayordomo jefe, entró como una exhalación, cerrándola con una fuerza que hizo temblar los
18:30objetos sobre el tocador. Su mirada era una tormenta de furia contenida. Sus ojos,
18:38normalmente fríos y calculadores, ardían con una intensidad letal.
18:44Eso no va a suceder, Lorenzo. Su voz sonó grave, amenazadora, resonando en la habitación.
18:52Ni se te ocurra. Avanzó con paso decidido hasta colocarse entre los dos, un muro protector entre
18:58Lorenzo y Leocadia. Lo miró directamente a los ojos, sin parpadear. Si le haces el más mínimo daño
19:07a Leocadia, si osas siquiera volver a amenazarla con tus sucias historias, te juro que no despertarás
19:13con vida al día siguiente. ¿Lo has entendido bien? Lorenzo abrió los ojos, momentáneamente
19:20sorprendido por la audacia del mayordomo. Desde cuando un criado se atrevía a hablarle en ese
19:27tono, pero la sorpresa se disipó tan rápido como llegó, reemplazada por su habitual arrogancia.
19:35Soltó una risa de desprecio, acercando su rostro al de Cristóbal, en un claro desafío.
19:40¿Tú? ¿Tú me amenazas a mí? ¿Crees que me intimidas, Cristóbal? He estado en situaciones
19:48peores que enfrentarme a un mayordomo con ínfulas de matón. Puede que seas peligroso para el resto
19:55de la servidumbre, pero yo no soy un criado cualquiera como tú. No olvides nunca quién soy yo. Cristóbal
20:03no retrocedió ni un centímetro. Su cuerpo era una roca, su voz, hielo puro. Y tú no olvides lo que
20:11acabo de decirte. Si tocas a Leocadia, si abres la boca para hablar de lo que sabes o de lo que crees
20:16saber, será tu fin. No me conviertas en tu enemigo, Lorenzo. Créeme, ya tienes demasiados, y yo, yo sería
20:26el último de tu lista. El definitivo, el ambiente se volvió pesado, sofocante. La tensión era tan
20:34densa que podía cortarse con un cuchillo. Lorenzo resopló, su pecho subiendo y bajando con rabia
20:41contenida. Su mirada pasó de Cristóbal a Leocadia, que observaba la escena con una calma casi antinatural,
20:48y de nuevo a Cristóbal. Sabía que había perdido esa batalla. Eran dos contra uno. Finalmente,
20:56se alejó con pasos largos hasta la puerta, abriéndola con una violencia innecesaria.
21:03Antes de salir, se giró, y su voz goteaba odio. Esta conversación aún no ha terminado.
21:11Ninguno de los dos, no os libraréis de mí tan fácilmente. Salió bufando de rabia,
21:16cerrando la puerta con un portazo que retumbó por el pasillo.
21:19Leocadia soltó el aire que había estado conteniendo, apoyándose en la mesa como si
21:27de repente le pesaran las piernas. Cristóbal se volvió hacia ella, su semblante aún serio,
21:35pero la furia en sus ojos se había atenuado, reemplazada por una preocupación protectora.
21:40No se detendrá, Leocadia. Dijo con voz grave. Pero mientras yo esté aquí, no te tocará.
21:50Ni a ti, ni a tus secretos, que también son los míos. Lorenzo solo ha vuelto para sembrar el caos,
21:57para iniciar una guerra. Y tenemos que estar preparados. Leocadia, aunque visiblemente afectada
22:05por la confrontación, levantó la vista y una sonrisa calculadora y fría se dibujó en sus labios.
22:13La vulnerabilidad había desaparecido. Deja que lo crea. Deja que crea que todavía tiene algún
22:18poder sobre nosotros. En el momento oportuno, cuando esté más confiado, acabaremos con él.
22:26Juntos. Cristóbal asintió en silencio. Sus miradas se encontraron y se sostuvieron,
22:32un pacto sellado sin palabras. Eran cómplices, depredadores que acababan de ser amenazados por
22:39otro. Y en su mundo, solo podía quedar uno. La batalla contra Lorenzo no había hecho más que
22:46empezar, pero ellos ya estaban planeando el golpe final. Al día siguiente, el sol se filtraba por
22:54las pesadas cortinas de los aposentos de Leocadia, pero no lograba disipar la atmósfera sombría que
22:59había dejado la visita de Lorenzo. Cristóbal permanecía de pie frente a ella, con los brazos
23:06cruzados, la rabia del día anterior aún latente en la tensión de su mandíbula.
23:13Leocadia, por su parte, se movía con una calma felina por la habitación, deslizando sus dedos por
23:19la superficie de marfil del tocador, cada gesto medido, cada movimiento parte de un pensamiento más
23:25profundo y oscuro. Él no se detendrá, Cristóbal, dijo Leocadia, su voz firme, una declaración de
23:35hechos, no una suposición. Lorenzo es como un perro rabioso, ha probado la sangre y ha vuelto para
23:43vengarse. Y tú sabes tan bien como yo que no retrocede ante simples amenazas. Tenemos que
23:49adelantarnos a sus movimientos, cortar la cabeza de la serpiente antes de que nos muerda. O terminaremos
23:57en sus manos, o peor, en la cárcel. Cristóbal asintió, su mirada fija en ella.
24:05Lo sé, ¿y cuál es tu plan? Preguntó, su voz un murmullo grave, porque sé que tienes uno.
24:11Siempre lo tienes, dilo. Leocadia se detuvo y lo miró. Una sonrisa fría, casi imperceptible,
24:20curvo sus labios. Es simple, en realidad, casi poético. Vamos a usar su mayor defecto en su
24:28contra, su arrogancia. Lorenzo es impulsivo, visceral. Siempre actúa con la convicción de
24:36que es intocable, de que nadie se atreverá a enfrentarlo. Pero si lo atrapan con las manos
24:42en la masa, con pruebas irrefutables, no habrá juez, ni influencia, ni amigo poderoso que pueda
24:49salvarlo de volver a esa celda de la que nunca debió salir. La cuestión es, ¿cómo crear esas
24:56pruebas? Cristóbal frunció el ceño, procesando la implicación.
25:00Crear pruebas, repitió, saboreando la malicia de la idea. Exacto, replicó Leocadia con una firmeza
25:10helada. No podemos esperar a que cometa un error. Debemos fabricárselo. Hace meses,
25:17cuando temí que su caída pudiera salpicarme, preparé una contingencia. Escribí una confesión,
25:24una carta, supuestamente de su puño y letra, en la que admite sus crímenes más atroces,
25:30las extorsiones, los fraudes, incluso los intentos de acabar con la vida de sus rivales.
25:38Está todo descrito con lujo de detalles, detalles que sólo alguien implicado podría conocer.
25:45Puse palabras que suenan como él, expresiones grandilocuentes y vulgares que sólo Lorenzo
25:50usaría. Guardé esa carta, esperando el momento adecuado. Y ese momento, querido Cristóbal,
25:58ha llegado. Ahora, sólo tenemos que aprovechar la situación. Usar la rabia de otro para que
26:06haga nuestro trabajo sucio. Una sonrisa lenta, casi satisfecha, se extendió por el rostro de
26:13Cristóbal. La admiración y la perversidad se mezclaban en su mirada. Eres más retorcida de lo
26:20que jamás podría haber imaginado. Pero me gusta, funcionará. ¿No sospecharán que fue forjada? Su
26:28palabra contra una carta. No, mi amor, no. No si jugamos nuestras cartas con inteligencia. Respondió
26:36Leocadia, su voz ahora un susurro conspirador. Como te he dicho, no seremos nosotros quienes la
26:44encontremos. La carta será descubierta por alguien que ya lo odia a muerte. Alguien con motivos más que
26:51suficientes para querer verlo hundido. Alguien cuya palabra será creíble precisamente por su enemistad.
26:59¿Y quién mejor para ese papel que el pequeño curro? Está consumido por el odio hacia Lorenzo.
27:06Haría cualquier cosa para verlo tras las rejas de nuevo. Todo lo que necesitamos es que esa carta,
27:11esa confesión perfecta, llegue a sus manos de forma accidental. Cristóbal se acercó a ella,
27:19tomó una copa de vino que descansaba sobre la mesa y la alzó a modo de brindis.
27:25Entonces, el bastardo será nuestro instrumento. ¡Qué ironía! Lorenzo nunca, ni en sus peores pesadillas,
27:32imaginaría que su caída definitiva vendría por culpa del muchacho al que siempre ha despreciado.
27:37Leocadia sonrió, una sonrisa de triunfo anticipado, exactamente. En el fondo, me da hasta pena.
27:48Lorenzo fue útil durante un tiempo, un peón valioso, pero dejó que su arrogancia superara
27:54a su inteligencia. Y en este juego, eso es un error que se paga con la propia cabeza. Cristóbal
28:01soltó una carcajada grave y silenciosa, y brindó con la villana. El plan estaba trazado,
28:09solo faltaba mover la primera pieza, colocar el cebo en el camino de su desprevenido y vengativo
28:14peón. A la mañana siguiente, Curro se movía por los pasillos del palacio con un automatismo que
28:21ocultaba la furia que seguía ardiendo en su interior. La humillación sufrida en los aposentos
28:28de Lorenzo, la exigencia de arrodillarse, las amenazas veladas. Todo ello retumbaba en su mente
28:36como un eco incesante. Estaba cumpliendo con sus tareas, llevando sábanas limpias al depósito,
28:42cuando se le encomendó ordenar unos documentos en el despacho que Lorenzo había vuelto a ocupar.
28:49El corazón le dio un vuelco. Entrar en la guarida del lobo era lo último que deseaba,
28:54pero no podía negarse. El despacho olía a cuero viejo, a tabaco de puro y a la arrogancia de su
29:01ocupante. Curro trabajó con rapidez, evitando mirar los objetos personales de Lorenzo, sintiendo
29:09su presencia maligna en cada rincón. Mientras apilaba unos legajos polvorientos en una estantería,
29:18notó un pequeño sobre de papel grueso que había caído y quedado atrapado entre los montones de
29:23papeles antiguos y el zócalo de madera. Parecía fuera de lugar, demasiado nuevo para estar con
29:30esos documentos olvidados. El instinto, una mezcla de curiosidad y la sensación de que algo no encajaba,
29:39lo hizo agacharse y recogerlo. No tenía remitente ni destinatario. Solo una frase escrita en una
29:47caligrafía fuerte, irregular, casi agresiva, que reconoció al instante como la de Lorenzo. Ruego
29:54perdón, padre. El corazón de Curro comenzó a latir con fuerza. ¿Padre, se refería a un sacerdote? La duda
30:03luchó contra la necesidad de saber. Miró hacia la puerta, asegurándose de que estaba solo, y con
30:10dedos temblorosos, rompió el sello de lacre. Dentro, una única hoja doblada. La desdobló y
30:18comenzó a leer. Padre, me dirijo a usted con el alma rota y el peso de mis pecados aplastando mi
30:25conciencia. No sé si merezco el perdón de Dios, pero necesito confesar la negrura que anida en mi
30:32corazón. Fui yo quien planeó el atentado. Fui yo quien manipuló y engañó a inocentes para que
30:39hicieran mi trabajo sucio. Usé todos los medios a mi alcance, sin importar la moral o la ley,
30:46para alcanzar mis intereses, aunque ello costara el honor de este palacio y la vida de quienes se
30:51interpusieron en mi camino. Pido que me ayude, que me guíe para alcanzar el perdón, pues temo que
30:59mi alma esté condenada para siempre. Curro tuvo que apoyarse en la estantería para no caer. Abrió
31:06los ojos de par en par, el corazón le martilleaba en el pecho con una fuerza ensordecedora. Releyó las
31:14líneas una y otra vez, incrédulo. Cada palabra era un clavo en el ataúd de Lorenzo. Él confiesa,
31:21murmuró, su respiración acelerada. Lo confiesa todo, es una carta para un confesor. Es su condena,
31:29la rabia que sentía se transformó en una euforia salvaje. Era la prueba que necesitaba,
31:35el arma definitiva. Sin perder un segundo más, dobló la carta con cuidado, la guardó en el
31:42bolsillo interior de su chaqueta y salió del despacho a toda prisa. Corrió por los pasillos,
31:50sin importarle las miradas curiosas de los demás criados, hasta encontrar a Manuel en el jardín.
31:55El joven Luján estaba supervisando unas reparaciones en su amado aeroplano,
32:02con las manos manchadas de grasa.
32:05Manuel, Manuel, tienes que ver esto. Dijo Curro, jadeante, agitando la carta en su mano.
32:14Manuel se giró, sorprendido por la urgencia y la expresión febril de su amigo. Curro,
32:19¿qué ocurre? Parece que has visto un fantasma. Mejor que eso, he encontrado su sentencia de
32:27muerte. Exclamó, entregándole el papel. Mira, es una confesión expresa del capitán. Manuel,
32:35con el ceño fruncido, se limpió las manos en un trapo y tomó el papel.
32:39Sus ojos recorrieron las líneas, primero con escepticismo, luego con asombro creciente.
32:50Dios mío, susurró, levantando la vista hacia Curro. Si esto es verdad, si esta carta es auténtica,
32:57Lorenzo se ha condenado él solo.
32:59¿Dónde? ¿Dónde has encontrado esto, Curro? En su despacho. Estaba tirada, casi escondida.
33:08Replicó Curro, su voz vibrando de determinación.
33:14Creo que iba a enviársela a algún sacerdote amigo suyo, buscando una absolución que no merece.
33:21Y no voy a permitir que lo haga. Voy a llevar esto directamente a las autoridades.
33:25Esta vez no se escapará. Manuel asintió, una sonrisa de alivio y orgullo dibujándose en su rostro.
33:36La justicia, por fin, parecía estar al alcance de su mano. Ese mismo día,
33:42el sargento Funes fue llamado de urgencia al palacio.
33:47El hombre, de rostro curtido y mirada siempre desconfiada, había desarrollado una versión
33:53particular por los enredos de la promesa y, sobre todo, por la figura escurridiza de Lorenzo de la Mata.
34:01Escuchó el relato de Curro y Manuel en la biblioteca, su expresión impasible,
34:06analizando cada palabra, cada gesto.
34:11Luego, tomó la carta que Curro le ofrecía, poniéndose sus anteojos para leerla con meticuloso cuidado.
34:17La examinó a contraluz, estudió la caligrafía, sopesó el papel, una confesión por escrito.
34:27Murmuró Funes, más para sí mismo que para los dos jóvenes que lo observaban con ansiedad.
34:34Esto es más que suficiente para solicitar una orden de prisión preventiva sin fianza.
34:38Si Lorenzo de la Mata realmente escribió esto, no saldrá de la cárcel tan pronto.
34:47Curro, decidido, dio un paso al frente.
34:50La escribió él, sargento.
34:53Reconocería esa letra en cualquier parte.
34:57No puede seguir libre, ya me ha amenazado a mí directamente, y ha amenazado a otros.
35:01Ese hombre es un peligro para todos los que vivimos aquí.
35:07Y ahora, por fin, tenemos una prueba que no puede refutar.
35:13El sargento Funes levantó la vista de la carta y la clavó en los ojos de Curro.
35:18Vio en ellos una determinación inquebrantable, la misma que había visto la primera vez que lo enfrentó.
35:25Asintió lentamente.
35:27Está bien.
35:28Actuaré de inmediato.
35:29Preparen a la familia.
35:30No será agradable.
35:33Al final de la tarde, el cielo teñido de tonos anaranjados y púrpuras, Lorenzo se encontraba de nuevo en sus aposentos.
35:42Se había servido una copa del mejor vino de la bodega de los Luján y fumaba un puro,
35:47esparciendo las cenizas sobre la alfombra persa con un gesto de absoluto desdén.
35:53Estaba disfrutando de su victoria, saboreando el miedo que había sembrado.
35:57En ese momento, la puerta se abrió de repente, sin la cortesía de un golpe previo.
36:05Dos guardias civiles entraron con paso firme, seguidos por la imponente figura del sargento Funes.
36:11Lorenzo de la mata, dijo Funes, su voz resonando en la habitación con la fuerza de una sentencia.
36:21Lorenzo se levantó de un salto, la copa de vino temblando en su mano, la sorpresa y la indignación dibujadas en su rostro.
36:28¿Qué significa esto? ¿Qué locura es esta? Exijo una explicación.
36:36Está usted detenido nuevamente. Continuó Funes, impasible, por confesión de sus propios crímenes.
36:42No hay más negociaciones, ni maniobras legales, ni amigos influyentes que puedan librarlo de esto ahora.
36:53Lorenzo soltó una carcajada incrédula.
36:55¿Confesión? ¿De qué diablos está hablando?
36:58Yo no he confesado absolutamente nada. Esto es una trampa, una farsa.
37:02Funes, con un gesto lento y deliberado, sacó la carta del bolsillo de su chaqueta y la sostuvo para que Lorenzo pudiera verla.
37:14La letra es suya, capitán. El contenido es claro y será presentado ante el tribunal como prueba principal.
37:22Prepárese, porque me temo que esta vez no tendrá una salida tan fácil.
37:26Los guardias se acercaron, rodeándolo.
37:29Lorenzo retrocedió, su rostro pálido de furia y, por primera vez, de auténtico pánico.
37:39Cuando sintió el frío metal de las esposas cerrándose sobre sus muñecas, estalló.
37:46Esto es mentira, es una falsificación. Alguien me ha tendido una trampa, gritaba, mientras intentaba resistirse inútilmente.
37:54Voy a acabar con vosotros. Con todos, ¿me oís? Con todos.
38:00Pero sus palabras se perdían, resonando en vano por los pasillos del palacio.
38:06Mientras era conducido a la fuerza, los criados comenzaron a asomarse por las puertas de las cocinas, de los cuartos de servicio, de los salones.
38:14Sus rostros ya no mostraban miedo, sino una profunda y silenciosa satisfacción.
38:22Veían como el tirano, el hombre que los había aterrorizado, era arrastrado una vez más hacia la justicia, esta vez, con suerte, para no volver jamás.
38:32La guerra que Lorenzo había proclamado había terminado casi antes de empezar, y él era el único caído.
38:42A la mañana siguiente, la noticia del arresto definitivo de Lorenzo se esparció por la promesa como un bálsamo.
38:50El aire parecía más ligero, los colores más vivos.
38:54El palacio, que había estado conteniendo la respiración, por fin exhaló un suspiro colectivo de alivio.
38:59Los criados susurraban en los pasillos, pero esta vez sus susurros no eran de miedo, sino de alegría y satisfacción.
39:10La justicia, esa dama tan a menudo esquiva para los de su clase, parecía haber hecho acto de presencia.
39:18En el hangar, junto al aeroplano, Manuel abrazó a Curro con una fuerza que transmitía orgullo y un profundo afecto fraternal.
39:26—Lo lograste, hermano, lo has vuelto a hacer —dijo, dándole una palmada en la espalda.
39:36—Finalmente, ese miserable pagará por todo el daño que ha hecho.
39:40Curro sonrió, una sonrisa genuina y emocionada, la primera en mucho tiempo que no estaba teñida de rabia o tristeza.
39:47—No fue solo por mí, Manuel. Fue por Yana, por ti, por todos a los que intentó destruir.
39:58—Ahora, ahora ya no puede alcanzarnos. La noticia llegó también a oídos de don Alonso, el marqués de Luján.
40:04—Durante horas, permaneció encerrado en su biblioteca, sumido en sus pensamientos.
40:14La valentía de Curro, su coraje para enfrentarse a un hombre como Lorenzo no una, sino dos veces, lo había conmovido profundamente.
40:24Aquel acto heroico contrastaba dolorosamente con su propia pasividad, con los años en los que había mantenido a su hijo en la sombra, negándole su lugar y su nombre.
40:35Finalmente, tomó una decisión. Envió a un lacayo a buscar a Curro.
40:40Cuando Curro entró en la biblioteca, encontró a Alonso de pie junto a la ventana, observando los jardines.
40:48El marqués se giró y, por primera vez, miró a su hijo ilegítimo con una mezcla de respeto, admiración y un profundo arrepentimiento en sus ojos.
40:57—Has demostrado un valor inmenso, Curro. Comenzó Alonso, su voz solemne pero cargada de emoción.
41:08—Más valor del que muchos nobles con títulos y apellidos ilustres demostrarían en toda una vida.
41:13—Has protegido a esta familia y a esta casa de una amenaza que yo mismo debería haber atajado hace mucho tiempo.
41:23—Quizás, quizás ya es hora de reconocer el valor que tienes y la sangre que corre por tus venas.
41:28Curro lo escuchaba, sorprendido, sin atreverse a albergar ninguna esperanza.
41:36A partir de hoy, continuó Alonso, su voz quebrándose ligeramente.
41:41—No serás solo un criado en esta casa.
41:45—Llevas mi sangre, eres mi hijo, y serás tratado como tal.
41:49Curro levantó la vista, sus ojos llenándose de lágrimas.
41:53—La validación, el reconocimiento que había anhelado en silencio durante toda su vida, por fin llegaba.
42:03Alonso se acercó y puso una mano sobre su hombro.
42:06—Sé que esto no devuelve el tiempo que has perdido, ni borra las humillaciones que has sufrido.
42:13—Pero espero que te devuelva la dignidad que siempre mereciste.
42:16Bienvenido de nuevo al nombre Luján, hijo.
42:19—Mientras tanto, en otra parte del palacio, lejos de las celebraciones y los reconocimientos, la atmósfera era muy diferente.
42:30En los aposentos de Leocadia, ella y Cristóbal celebraban su propia victoria, una victoria silenciosa y secreta.
42:38—Las copas de vino chocaron con un tintineo sutil.
42:43—Funcionó. Funcionó exactamente como lo planeamos.
42:47—Dijo Leocadia, una sonrisa de pura satisfacción en su rostro.
42:53—Lorenzo ha caído en la trampa como un animal.
42:56Y lo mejor de todo es que ni siquiera sospecha que fuimos nosotros quienes cavamos el hoyo.
43:00Cristóbal brindó con ella, su mirada tan maliciosa como la de ella.
43:07Y el pequeño curro se cree el héroe del día.
43:11—El valiente que ha vuelto a encerrar al monstruo.
43:14—Mejor así, mientras todos crean esa bonita historia, nosotros estaremos protegidos.
43:20—Nadie mirará en nuestra dirección.
43:22Leocadia apuró su copa de vino, sus ojos brillando con una luz fría y calculadora.
43:29—Sí, protegidos.
43:31—Corroboró.
43:32—Hasta que llegue el momento de actuar contra ellos también.
43:36—Porque en la promesa, siempre hay un nuevo enemigo en el horizonte.
43:40Los dos brindaron de nuevo, cómplices en su maldad,
43:43ocultando una vez más que detrás de la caída de un villano no había más que otra jugada sombría,
43:48otra manipulación maestra de la mente calculadora que gobernaba en la sombra.
43:55La celebración por la caída de Lorenzo se extendió hasta la noche.
43:59El gran salón, normalmente un lugar de formalidades y tensiones contenidas,
44:04se llenó de una alegría genuina.
44:08Don Alonso, en un gesto sin precedentes, había insistido en que Curro se uniera a ellos para la cena,
44:14no como un criado, sino como parte de la familia.
44:19Vestido con un traje que Manuel le había prestado, Curro se sentía abrumado,
44:24un torbellino de emociones recorriendo su interior.
44:28La gratitud, el alivio, la sensación de pertenencia, todo era nuevo y embriagador.
44:35Durante la cena, Alonso se levantó, golpeando suavemente su copa con un cuchillo para pedir silencio.
44:41Todas las miradas se volvieron hacia él.
44:45Esta noche, comenzó, su voz resonando con autoridad y emoción.
44:51No solo celebramos el fin de una amenaza para esta casa.
44:53Celebramos el valor de un joven que ha demostrado tener la entereza y el coraje de un verdadero Luján.
45:01Por favor, levanten sus copas y brinden conmigo.
45:06Por Curro, todos en la mesa se pusieron de pie, sus copas alzadas.
45:11Por Curro, resonó en el salón.
45:16Curro, con el rostro sonrojado, asintió con gratitud, sintiendo el peso de todas esas miradas sobre él.
45:24Y fue en ese instante, mientras sus ojos recorrían los rostros sonrientes de la familia,
45:29cuando su mirada se cruzó, por pura casualidad, con la de Leocadia,
45:34que estaba de pie en un discreto segundo plano junto a Cristóbal.
45:37Fue solo un segundo, un instante fugaz en medio de la celebración.
45:44Pero lo que vio geló la sangre en sus venas y detuvo el mundo a su alrededor.
45:50No vio alegría en el rostro de Leocadia.
45:52No vio alivio.
45:53Vio una pequeña, casi imperceptible sonrisa de triunfo.
45:59Una sonrisa fría, calculadora, que no estaba dirigida a él, sino a Cristóbal, que estaba a su lado.
46:07El mayordomo le devolvió la mirada con un levísimo asentimiento, una complicidad silenciosa y letal.
46:15De repente, todo encajó en la mente de Curro con una claridad aterradora.
46:20La carta.
46:22La forma en que la encontró, tan convenientemente.
46:25La caligrafía, que se parecía a la de Lorenzo, pero que ahora, en retrospectiva, parecía forzada.
46:32El lenguaje, tan perfectamente autoincriminatorio.
46:38El brindis, la celebración.
46:40El reconocimiento de su padre.
46:44Todo se desvaneció.
46:45El calor de la victoria fue reemplazado por un frío glacial de comprensión.
46:51No había sido un héroe.
46:53No había sido el cazador que atrapa a la bestia.
46:55Había sido el peón.
46:56El instrumento, el cebo utilizado en un juego mucho más oscuro y peligroso del que jamás había imaginado.
47:07Y mientras todos seguían brindando por su valentía, Curro se dio cuenta de la horrible verdad.
47:13Habían encerrado a un monstruo, sí.
47:15Pero lo habían hecho para dejar el camino libre a otros dos, quizás mucho más peligrosos, que ahora se movían libremente entre ellos, ocultos tras una máscara de lealtad.
47:29El verdadero horror no era el enemigo que conocías, sino el que te sonreía mientras afilaba el cuchillo a tu espalda.
47:37Y la guerra, su guerra, estaba muy lejos de haber terminado.
47:41Acababa.
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