El protagonista de la acción atentó claramente contra la primera ley de la robótica: un robot no hará daño a un ser humano, ni por inacción permitirá que un ser humano sufra daño. Eso sí, no se puede decir que fuera un fallo puntual ya que toda la prueba estuvo marcada por los tropiezos, muchas veces cómicos, de los participantes.
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