A una decena de metros de la rambla del Poyo, a su paso por Paiporta, en Valencia, alrededor de 30 familias de feriantes tratan de sacar del barro lo que queda de sus atracciones. En su mayoría son valencianos, pero también hay gente venida de Sevilla, de Albacete, de Murcia, de Asturias.
Algunos han recorrido más de 700 kilómetros para trabajar, pero acabaron encontrando un apocalipsis.
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