Oliver Wings, del Instituto de Ciencias de la Tierra en la Universidad de Tübingen, y Martin Sander, de la Universidad de Bonn, han demostrado que estas piedras (gastrolitos) halladas junto a los fósiles de dinosaurios no pueden ser piedras gástricas como las que poseen los pájaros, parientes actuales de los dinosaurios.
En efecto, aunque han sido encontradas piedras ocasionalmente junto a esqueletos de saurópodos, los autores de este nuevo estudio no piensan que sean restos de un molino gástrico como los observados en los pájaros modernos. En este tipo de molino gástrico, las piedras deberían haber estado muy gastadas, y no tendrían una superficie suavemente pulida. Aparte de esto, las piedras gástricas no se han descubierto de forma habitual en la mayoría de los lugares donde los saurópodos han sido hallados. Cuando tales piedras están presentes, su masa con relación a la de los saurópodos es mucho menor que la que tienen las piedras de las aves con respecto a la masa de éstas.
Los investigadores suponen que las piedras fueron ingeridas accidentalmente con el alimento, o que quizá pudieron ser consumidas para mejorar el aporte mineral de la dieta. Pero si las piedras no ayudaban a macerar los alimentos vegetales, el sistema digestivo de los saurópodos debió haber empleado otros métodos. La descomposición con fines digestivos de grandes cantidades de material, un proceso que no resulta tan fácil como podría parecer, requiere la ayuda de bacterias en el sistema digestivo. Posiblemente, los intestinos de los saurópodos estuvieron configurados de tal manera que los alimentos eran retenidos en ellos durante mucho tiempo, con el propósito de mejorar el proceso digestivo.
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