Saltar al reproductorSaltar al contenido principal
  • hace 17 años
Posteriormente, David Rigler y su esposa Marilyn se hicieron cargo de la pequeña. Permaneció con ellos cuatro años. Durante este tiempo, la niña aprendió a sonreír, lo básico del lenguaje de señas, algunas frases cortas y a hacer dibujos sencillos.

Pero en 1974 se suspendió el presupuesto que la Asociación de Salud Mental de los Estados Unidos destinaba a Genie. La asociación estimó innecesario continuar con la investigación cuya importancia científica le resultaba dudosa. Los Rigler, sin ayudas económicas y presionados por la Dra. Butler que los acusaba de haber ocasionado una involución en Genie, abandonaron su custodia en 1975. No obstante, este matrimonio consiguió que dijera frases cortas como “tienda comprar puré manzana”.

Genie, después de un juicio, fue entregada a su madre, que se había operado la vista. Ésta pronto se dio cuenta de que le resultaba muy difícil cuidar a su hija y la dio en adopción. Genie pasó por seis familias adoptivas diferentes. Algunas de ellas la maltrataron y experimentó regresiones. En uno de estos hogares, después de ser duramente castigada por vomitar, dejó de hablar porque tenía miedo de abrir la boca. Debido a una orden judicial, que protege su intimidad, se sabe poco de Genie en la actualidad. Sí ha llegado a conocerse que se encuentra en una institución de California llamada San Gabriel/Pomona Valleys Foundation, que se dedica al cuidado de adultos con retraso mental, autismo, parálisis cerebral o epilepsia.

Sobre la dramática historia de esta niña, Russ Rymer ha escrito tres libros titulados: “Genie: A Scientific Tragedy”, “Genie: An Abused Child’s Flight from Silence” y “Genie: Escape from a Silent Childhood”. Otro libro (“Savage Girls and Wild Boys: A History of Feral Children” de Michael Newton) dedicado a los niños ferales le dedica a Genie un capítulo. También se hizo una película en 2001 llamada Mockingbird Don’t Sing.

Categoría

📚
Aprendizaje
Comentarios

Recomendada