La Segunda Guerra Mundial fue testigo de la aplicación de la estrategia militar conocida como "Blitzkrieg" o "guerra relámpago" por parte de Alemania. Esta táctica revolucionaria se caracterizaba por la concentración de armas ofensivas, como tanques, aviones y artillería, en un frente angosto para abrir una brecha en las defensas enemigas. Las fuerzas alemanas lograban penetrar rápidamente las líneas enemigas, causando conmoción y desorganización, y rodeando a las tropas enemigas para forzar su rendición. La Blitzkrieg fue utilizada con éxito por Alemania en varias campañas, incluyendo las invasiones de Polonia, Francia, la Unión Soviética y otros países europeos. A pesar de su efectividad inicial, la Blitzkrieg no pudo asegurar la victoria final de Alemania en la Segunda Guerra Mundial, ya que la Unión Soviética, junto con Gran Bretaña y los Estados Unidos, lograron resistir y finalmente derrotar a Alemania en el conflicto.
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