Cuenta Adam Cohen que su padre Leonard (Westmount, 1934-Los Ángeles, 2016) nunca dejó de trabajar. En los últimos meses, rogó respetuosamente a sus conocidos que no le molestaran y dedicó sus escasas energías a intentar ordenar lo que se convertiría en su libro póstumo (La llama,Salamandra, 2018) y también a esbozar canciones. Conservó sus rituales: insistía en vestirse con traje y sombrero si tenía algún compromiso. Obligado a utilizar una silla ortopédica, no quería que los extraños le vieran sentado frente al micrófono en el estudio casero instalado en su sala de estar.
Aquejado de leucemia, con las vértebras destrozadas, engañaba al dolor con cannabis medicinal. Apenas podía cantar pero susurraba majestuosamente con su voz cavernosa, asumiendo que su hijo terminaría desarrollando la vestimenta musical. No pudo concluir todo lo que estaba preparando: Listen To The Hummingbird, una de dos miniaturas incluidas en el disco Thanks For The Dance (Sony), se grabó casualmente, una ocurrencia durante la rueda de prensa para presentar el anterior álbum, You Want It Darker.
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