Julio tocó accidentalmente veneno para coyotes en su rancho. Comenzó con una aparente reacción alérgica hasta caer muerto. Su esposa Febe lo vió en el suelo y comenzó a orar en lenguas reclamando vida, pues su propósito no ha terminado. Julio vió una luz y afirmó: "Padre, ya estoy en tu presencia" y escuchó la voz de su esposa y regresó a la vida.
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