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  • hace 7 años
Ya no hay pantalla para contar más historias ni butacas desde donde vivirlas. Los operarios se las llevan poco a poco. Proyectores mudos y bar sin olor a palomitas. Era el último cine que quedaba en Pontevedra. Una deuda millonaria ha obligado a la empresa a cerrarlo. Los espectadores se quedan sin función y 15 trabajadores en la calle. Una ciudad de 80.000 habitantes que llegó a tener seis cines. Pero poco a poco fueron desapareciendo, en su lugar hay ahora tiendas de ropa o restaurantes. Estas ocho salas eran las únicas que resistían. Ahora Pontevedra es la única capital de provincia sin cine. Ni clásicos ni estrenos, se ha bajado el telón para siempre.

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Creatividad
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