Loable o no, vamos a lo práctico: el cómo. Enric Durán aconseja apropiarse en primer lugar, suponemos que pagando a tocateja, de material escolar, porque «con una impresora, una fotocopiadora, unas tijeras y celo se hacen maravillas». Con estos bártulos y algo de cara, se inventó una profesión y se fabricó «una buena nómina falsa» que mostraba que ganaba de sobra para acceder a la financiación. El yerno que toda entidad bancaria quiere para sí.
Luego hacía creer que iba a reformar su piso o a comprarse un coche, cosas corrientes, y que necesitaba una ayudita. En algunos casos, llegó a adquirir el vehículo para el que había solicitado el préstamo y después lo vendió antes de dejar de pagar para que no se lo pudiesen embargar «y así tener más fondos». Cuando esto ya no coló, creó una empresa para poder justificar determinadas inversiones y una sociedad. Doce mil euros por aquí, seis mil por allá, otro pico por acá...
En su escrito, asegura que, sin justificar propiedades ni pedir avales, obtuvo préstamos del BBVA (39.070 euros, la cantidad más elevada), de La Caixa (2.000), del Barclays (12.600), de Caja Madrid (29.200), de Bankinter (31.000) y de sociedades financieras de El Corte Inglés, Carrefour y Volkswagen Finance, entre otros.
Sin historial
«La ventaja de pedir un préstamo a través de una sociedad es que la deuda no aparece en tu historial, de manera que puedes ir aumentando el endeudamiento sin que el sistema de información sobre deudas del Banco de España (Cirbe) lo detecte», revela el que podría ser un alumno aventajado de Juan Antonio Roca, cerebro de la trama de corrupción que azotó Marbella.
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