Es la disminución de la temperatura corporal, por debajo de los 35º, normalmente como consecuencia de la exposición prolongada al frío. Los ancianos, y en menor medida los niños, son los más expuestos. Los mecanismos de compensación van dirigidos a aumentar la producción de calor; así aumentan las contracciones musculares (escalofríos) y se provoca la vasoconstricción periférica. Cuando la temperatura corporal desciende por debajo de los 30-32º, los mecanismos de adaptación pierden eficacia y dejan de funcionar. La piel del paciente está pálida, fría y seca. Este presenta escalofríos, respiración superficial y lenta y disminución progresiva del estado de conciencia.
Es fundamental detener las pérdidas de calor:
Abrigar al paciente.
Efectuar un recalentamiento progresivo (si es posible).
Desprenderlo de las ropas húmedas o mojadas.
Conseguir ayuda médica.
La hipotermia por inmersión constituye un caso especial. Hay que tener en cuenta que las pérdidas de calor dentro del agua, son 32 veces superiores a las que se producen en contacto con el aire. Por otra parte, la hipotermia en los ahogados, prolonga la resistencia cerebral a la hipoxia, por lo que siempre se deben iniciar las maniobras de reanimación en estos casos. (Se ha conseguido reanimar a pacientes ahogados en aguas frías, que han estado sumergidos más de una hora).
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