Muchos virus como estos permanecen congelados hasta que se derrite el hielo que los cubre, haciéndolos potencialmente activos. El Pithovirus Sibericum –nombre derivado de la palabra griega “pithos”, ánfora, en referencia a las entregadas a Pandora por los dioses bajo la condición de no abrirlas–, devora a las amebas para poder replicarse, a pesar de estar aparentemente muerto, bajo su capa de proteína que lo resguarda del exterior. Este virus zombi puede ayudar a los científicos en el estudio de la estructura genética de otros que pudieran tener semejanzas.
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