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  • hace 9 años
John Hardy explica que los beneficios del cotilleo en sociedades ancestrales no se trasladan necesariamente a la sociedad contemporánea: conocer el currículum erótico-festivo de todo el que sale por la tele no nos aporta nada y sólo nos interesa por lo que este profesor califica de “resaca evolutiva”. Martinescu añade que la principal diferencia entre el cotilleo de famosos y el cotidiano es que no conocemos a los famosos, por lo que resulta difícil hacer comparaciones con nuestro comportamiento. Este tipo de cotilleo “puede ser interesante y atractivo del mismo modo que las historias sobre personajes ficticios. Nos dicen algo sobre el mundo en el que vivimos, los estándares que usamos para realizar ciertos juicios y nos ayudan a entender qué podemos esperar en diferentes situaciones”. En esta línea, Silveiro apunta que el cotilleo de revistas y programas de televisión también nos hace “sentir cierto alivio cuando se resaltan conductas negativas de las personas con más poder, influencia y fortuna”. Nos alegra ver cómo “los ricos también meten la pata”, ya que esto “consuela nuestros propios sufrimientos”.

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