Una cocinera cocina el mundo entre la vigilia y el sueño. Los ingredientes están concentrados en la piedra antigua y en su deseo de ser otro. El agua preña la piedra como lo hace con las semillas. El aire modula con su vibración la música del viento, como la caricia de una mano, justo antes de dormir. Y el fuego calienta el cazo, como lo hace el primer aliento del que nace. Evocamos la metamorfosis de una piedra que quiso ser nube, que quiso ser bebé. La fuerza del deseo mueve a la piedra desde las entrañas de la tierra hasta su destino, transformándose a si misma a través de sus ciclos.
La piedra es la semilla del trigo, que necesita de la mano de la cocinera para caer en la tierra. Solo después de atravesar todas las emociones, todos los obstáculos, la piedra alcanza el júbilo cuando consigue llorar.
Nuestro esqueleto nos recuerda que alguna vez fuimos piedra, y que las piedras han jugado desde niñas a tener forma de hueso. Reconocerse en esos palpitos es fácil para los que acaban de nacer, y casi ininteligible para los que lo hicieron hace tiempo. Es el lugar donde la explicación no es necesaria, porque habita la palabra que vuela, el verbo poético.
Ficha Artística
Intérprete:
Clarice Cardell
Escenografía:
Antonio Catalano y Zomes
Composición musical:
Eugenia Nozal
Vestuario:
Val Barreto
Iluminación:
Carlos Laredo
Preparación de actriz:
Irina Kouberskaya
Producción:
La casa Incierta
Dirección y Dramaturgia:
Carlos Laredo
www.lacasaincierta.com
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