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  • hace 16 años
A mediados de la década de los 70, un redactor de la revista regional «New Jersey Monthly» descubrió que el cerebro de Einstein no fue incinerado, sino que fue extraído y preservado por Thomas S. Harvey, que trabajaba como patólogo en el hospital de Princeton. Este especialista seccionó gran parte del cerebro del genial físico en doscientas láminas, con excepción del cerebelo y algunas partes del córtex. Su intención era estudiar este órgano para descifrar las claves biológicas de la mente más brillante de este siglo. En 1985, Harvey publicó en «Experimental Neurology» un estudio, cuya metodología y resultados fueron entonces muy discutidos. En ese trabajo se aseguraba que el cerebro del físico y matemático de origen alemán tenía porcentualmente un mayor número de células de la glía cerebral que neuronas. El patólogo de Princeton interpretó estos datos en el sentido de que el cerebro de Einstein consumía más energía, lo que podría explicar sus extraordinarias capacidades cognitivas.

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Aprendizaje
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