Hila, hila, que te hila,
hilaban las dos infantas.
La mayor hilos de oro
la segunda hilos de plata.
La más niña de las tres,
se distraía y no hilaba.
Sobre el faldellín de raso
ociosa la mano blanca,
los ojos claros perdidos
más allá de la ventana,
en la noche, toda llena
de estrellas y luna clara.
Con la sonrisa en los labios
la miran las dos hermanas.
Como era jorobadita
todos la menospreciaban.
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