El conjunto arqueológico de Abu Simbel se salvó de las aguas gracias a una campaña de la UNESCO en la década de los 60 del siglo pasado, y tras una prodigiosa labor de ingeniería que consistió en reducir el lugar arqueológico a más de mil piezas numeradas: un puzzle milenario que fue de nuevo ensamblado a unos 60 metros de su ubicación original.
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