Todo comenzó el viernes 15 de octubre de 1999. Nicholas White, un hombre de 34 años, se había quedado hasta tarde en la oficina. Entró en el ascensor, pulsó la planta 43 y, tras cerrar, el ascensor comenzó a subir rápidamente. Pocos segundos después el ascensor comenzó a tambalearse y las luces se apagaron de forma repentina. Cuando la luz volvió, el ascensor estaba totalmente parado. Poco a poco se fue impacientando. No tenía un móvil que pudiera utilizar para informar al exterior y dado que el incidente había sucedido a las 11 de la noche de un viernes, las expectativas eran muy poco alentadoras. Intentó abrir la puerta en repetidas ocasiones pero, al ser un ascensor sin paradas intermedias, todo lo que podía llegar a ver era una pared que le frustraría cualquier intento de escapar así del ascensor. Había pasado un total de 41 horas encerrado en el ascensor.
Comentarios