Asistimos a un vínculo de sangre muy extraño y muy privado, en el que el amor y la confianza hacen equilibrios sobre el filo de una navaja. En una subcultura extrema, un hombre y una mujer que se consideran vampiros beben la sangre de su pareja. Pocos rituales de emparejamiento son tan controvertidos, e incluso tan profanos para algunos, como los que mezclan la intimidad erótica con el ansia de sangre. Los vampiros de hoy en día mantienen el mito de beber sangre, aunque no de la forma tan drástica que conocemos, ya que es un acto de amor. Ellos no salen en busca de víctimas para saciar su sed de sangre, ellos tiene amantes dispuestos. Se trata de una conexión y atracción instintiva. Una practica para muchos tabú, ya que podría considerarse una forma de canibalismo: consumen una parte de otro ser humano. Este consumo de sangre provoca adicción y sus efectos pueden durar semanas.
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