El rey Mohamed VI ha presidido este viernes la solemne apertura de la nueva legislatura en Marruecos, en una aparición marcada por su aspecto demacrado y su notable debilidad física. El monarca ha llegado al Parlamento vestido con una chilaba amarilla, una indumentaria habitual en grandes acontecimientos religiosos y ceremoniales, y ha necesitado una muleta para caminar. Como es tradición, ha estado acompañado por su hijo, el príncipe heredero Moulay Hasán, y por su hermano, el príncipe Moulay Rachid.Ante los miembros de las dos cámaras parlamentarias, la de Representantes y la de Consejeros, Mohamed VI ha pronunciado un discurso en el que ha abordado las relaciones con España. Con una voz aparentemente debilitada, el soberano ha destacado los avances en la cooperación bilateral, especialmente en materia de control migratorio, aunque también ha expresado críticas hacia determinadas decisiones judiciales y disposiciones legales españolas.«Con nuestro vecino, España, nuestra asociación ha experimentado avances significativos en diversos campos, incluida la lucha contra la inmigración irregular. No obstante, esta cooperación se enfrenta ahora a importantes desafíos relacionados con ciertas disposiciones legales obsoletas y decisiones judiciales alejadas de la realidad. Lamentablemente, esta situación dificulta la repatriación de menores y de quienes solicitan falsamente el estatuto de refugiado, y alimenta la actividad de las redes criminales. Ante las declaraciones irresponsables de ciertos círculos políticos y mediáticos y su flagrante explotación de la situación, afirmamos que la asociación es una elección soberana y un compromiso voluntario, que no puede estar sujeto a presiones, amenazas ni chantajes».Las palabras del monarca ponen de manifiesto las discrepancias entre ambos países en cuestiones migratorias, especialmente en lo relativo a la devolución de menores y a la gestión de las solicitudes de protección internacional. Mohamed VI ha defendido la cooperación con España, pero ha advertido de que Marruecos no aceptará que esta relación esté condicionada por presiones externas.Su intervención sitúa así la política migratoria en el centro de la agenda bilateral y refleja la voluntad del soberano de reivindicar la autonomía de Marruecos en sus relaciones con España.