La tranquilidad duró dos días. En el tercer encierro de Cuéllar llegaron las dificultades y el peligro. Uno de los toros de la ganadería Rosa Rodrigues se escapó en el campo y tuvo que ser sedado, y los otros cinco entraron en las calles en cuatro tandas e hicieron falta más de 42 minutos para que el último ingresara en la Plaza de Toros. Además, un caballista cuellarano tiene una fractura abierta en una pierna tras caerse en el Embudo.