La plazoleta que rodea al Monumento al Marinero Desconocido de Odesa se convierte al atardecer en un lugar de encuentro para parejas, familias y turistas como Igor y Victoria. Es un rincón bucólico, amenizado por un músico callejero que toca el acordeón y con magníficas vistas sobre la bahía. Pero también es un lugar desde el que la guerra se hace visible y audible.A las 17:50, la tranquilidad de la docena de personas congregadas allí se rompe de repente por el repiqueteo de las ametralladoras antiaéreas, el paso de un avión y el estruendo provocado por un misil ruso que atraviesa el cielo. La escena, registrada el pasado lunes, resume el ritmo dual al que vive Odesa y toda la región costera: mientras los ataques rusos con drones y misiles se suceden desde hace semanas, miles de residentes continúan aferrados a las playas, los restaurantes y las celebraciones del verano.La amenaza no solo es militar. Los puertos de la región de Odesa canalizan alrededor del 90% de las exportaciones de Ucrania, especialmente los envíos de grano y hierro. Una interrupción prolongada de esta actividad supondría un golpe enorme para una economía ya debilitada por la guerra.Los economistas Mykola Ryzhenkov y Oleksandr Shepotilo, investigadores de universidades europeas, han estudiado el impacto de la crisis y advierten de que Ucrania podría perder hasta un 6% de su PIB. El Banco Nacional de Ucrania estimó el pasado día 7 las pérdidas en unos 2.000 millones de dólares, aunque otros cálculos son considerablemente más pesimistas. El diario ZN situó recientemente el impacto entre 4.000 y 8.000 millones de dólares.Los medios locales ya hablan de una «segunda batalla del Mar Negro», en referencia a la campaña rusa del primer año de invasión, cuando los ataques contra Odesa, Chornomorsk y Pivdennyi interrumpieron las exportaciones ucranianas.
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