El 4-6 final fue el reflejo de la ambición ofensiva y los desajustes defensivos. Los partidos por el bronce tienen eso: liberan a los equipos del peso de su historia y de las ataduras tácticas. El gol deja de ser una obligación para convertirse en un bálsamo frente a la frustración de no alcanzar el oro. Hubo goles y golazos. Francia e Inglaterra jugaron, dejaron jugar y se divirtieron. Las medallas, simples excusas.
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