La euforia se apoderó del Estadio Ciudad de México tras una segunda anotación que sentenció el destino del encuentro, desatando una celebración masiva entre los miles de aficionados que desafiaron la lluvia para presenciar el pase de México a los octavos de final de la Justa Mundialista.
Si bien Julián Quiñones había sido el encargado de abrir el marcador anteriormente, la consolidación del triunfo con este segundo tanto terminó por convertir el recinto en una caja de resonancia de gritos, cánticos y júbilo colectivo.
La reacción de la grada no solo reflejó el alivio tras un partido altamente disputado, sino también la reafirmación del invicto del Tri en la justa mundialista, consolidando a la selección como una de las escuadras más sólidas en la fase de eliminación directa.
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