00:00El último intento de atentado contra Donald Trump refuerza un fenómeno histórico, el
00:05de aquellos líderes que sobreviven y transforman el relato a su favor. Su frase, nadie me dijo
00:10que este trabajo era tan peligroso, es política en bruto, le sitúa en un terreno de vulnerabilidad
00:15y activa un reflejo casi automático, la empatía. A esto se suma la espectacularidad de unas
00:21imágenes de tintes hollywoodienses, una cena de gala con mucho brillo y mesas elegantemente
00:26servidas, mientras irrumpen las fuerzas de seguridad para protegerle junto a su esposa,
00:30Melania Trump, o como ocurrió en el anterior intento, él con la oreja sangrando ante miles
00:35de simpatizantes y puño en alto. Esa imagen, que fue trascendental para su victoria en las
00:40elecciones, le confirió una consideración casi mesiánica. Según un sondeo de Reuters,
00:45una tercera parte de los encuestados afirmaron que Trump había sobrevivido gracias a la protección
00:50divina. Existe un término de origen árabe, baraka, que significa bendición o gracia divina,
00:57por el que parecieron ungirse desde Hitler en el plan Valkyria a Franco tras el disparo
01:01en el abdomen en la batalla del Butz, en Ceuta, o Fidel Castro, Charles de Gaulle, el rey
01:06Zog I de Albania, que sobrevivieron a una cantidad asombrosa de intentos de asesinato.
01:11Lo que trasciende en estos casos es lo que ocurre después, una narrativa que en el caso
01:16de Donald Trump le empodera y da alivio en un momento de fuerte crisis de liderazgo dentro
01:22y fuera de casa. Todo un manual de resistencia de Sánchez que enseña a convertir un golpe
01:29en una oportunidad.