El mundo del deporte español se ha visto sacudido por la noticia de la detención y posterior condena del exciclista cántabro Óscar Freire, tricampeón mundial. Lo que comenzó como una denuncia por un supuesto delito de malos tratos en el ámbito familiar se ha resuelto finalmente con una sentencia firme por un "delito leve de injurias". La resolución, dictada por el Tribunal de Instancia de Torrelavega, impone al deportista una pena de nueve días de localización permanente en un domicilio distinto al de la víctima y una orden de alejamiento durante seis meses.
El detonante de la detención ocurrió el pasado domingo 12 de abril. Según el relato de la denunciante, Freire entró en la iglesia de Puente San Miguel (Reocín) mientras ella se encontraba en misa. Tras sentarse junto a ella y comenzar una discusión, el exciclista la habría agarrado "fuertemente" del brazo para impedir que se marchara. Al salir al exterior, la situación escaló cuando él le arrebató el teléfono móvil mientras ella intentaba pedir ayuda, realizando comentarios vejatorios "delante de mucha gente".
Este episodio es el último de una serie de desavenencias en una pareja que, tras casarse en 2003 y tener tres hijos, se encuentra en proceso de divorcio y no convive desde noviembre de 2025.
A pesar de que la condena se circunscribe al incidente del domingo, la mujer relató ante la Guardia Civil de Torrelavega un patrón de conducta preocupante. Según su testimonio, Freire "siempre ha sido muy controlador durante toda la relación", una actitud que ella llegó a normalizar. Sin embargo, en los últimos tiempos afirma sufrir un "acoso continuo", llegando a asegurar que el exciclista le ha colocado micrófonos en el coche y en casa, localizadores GPS en su vehículo e incluso le ha duplicado su red de WhatsApp.
La denunciante ha manifestado que el control por parte de Freire "es total", describiéndolo como una persona "muy celoso y posesivo". De hecho, el atestado policial refleja que el exciclista llegó a llamarla trece veces mientras ella se encontraba en las dependencias policiales presentando la denuncia.
Aunque el juicio rápido se transformó de un delito de vejaciones graves a uno leve por decisión de la propia mujer —quien se ratificó en la denuncia pero se mostró "muy afectada" durante el proceso—, la justicia ha sido clara en las medidas de protección. Durante los próximos seis meses, Óscar Freire no podrá acercarse a menos de 200 metros del domicilio, lugar de trabajo o cualquier punto frecuentado por su exmujer, ni establecer comunicación alguna con ella.
La defensa del exciclista, ejercida por María José Puente, ha aceptado una resolución que ya es firme, cerrando así el capítulo penal de un conflicto que la mujer describe como una situación donde él la ha hecho sentir "inferior y muy sumisa", menospreciándola tanto en el plano económico como en el físico.
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