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  • hace 6 minutos
El Palacio Apostólico del Vaticano ha sido este jueves el escenario de un encuentro cargado de simbolismo y valores éticos. El Papa León XIV ha recibido a una delegación de atletas de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Milán-Cortina 2026, a quienes ha propuesto como ejemplos de convivencia en un contexto internacional marcado por la inestabilidad. El Pontífice aprovechó la audiencia para destacar los valores del deporte en "la era actual, tan marcada por la polarización, las rivalidades y los conflictos que desembocan en guerras devastadoras".
La jornada no estuvo exenta de momentos de cercanía y humor. En un gesto que captaron rápidamente las cámaras, el pontífice bromeó con uno de los atletas, haciendo ver que le robaba la medalla. Más allá de la anécdota, el mensaje central de León XIV fue una llamada a la "tregua olímpica", un concepto que Robert Prevost reforzó al recordar que la competición no debe ser una demostración de fuerza, sino un ejercicio de relaciones humanas.
El Papa defendió que el espíritu olímpico es una respuesta tangible a la agresividad global. Según su reflexión, estos Juegos "han visibilizado esta posibilidad de paz como una profecía que dista mucho de ser retórica: romper con la lógica de la violencia para promover la lógica del encuentro". Para el sucesor de Pedro, el compromiso de los deportistas de invierno adquiere un valor especial: "¡el deporte puede y debe convertirse en un verdadero espacio de encuentro!".
León XIV profundizó en cómo la ética deportiva debería permear todas las capas de la sociedad, desde la política hasta las relaciones entre naciones. En un discurso muy aplaudido, señaló que los atletas "transmiten la idea de que podemos competir sin odiarnos, ganar sin humillarnos, perder sin perdernos a nosotros mismos. Y esto va más allá del deporte; se aplica a la vida social, a la política, a las relaciones entre los pueblos".
En su visión, el deporte bien vivido funciona como un "laboratorio de humanidad reconciliada, donde la diversidad no es una amenaza, sino una riqueza". Finalmente, el Papa no quiso olvidar la crisis medioambiental, recordando que, al celebrarse en entornos naturales, "estos Juegos también nos recuerdan la conexión entre el deporte y la naturaleza, y nuestro deber de cuidar nuestra casa común". Con este llamamiento, el Vaticano sitúa la cita de Milán-Cortina 2026 no solo como un evento deportivo, sino como un faro de esperanza y responsabilidad ecológica para el mundo entero.

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