- hace 2 días
El autor Pedro Martín-Romo, junto con el ilustrador Rafael Meone y escolares e integrantes de Caminar leen el segundo cuento protagonizado por la superheroína de Down Caminar
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00:00La mañana. Sin hora llegó puntual a su hora de deporte. Entró al gimnasio que olía al plástico de las
00:07colchonetas y a madera recién encelada. Era un sitio que le gustaba sin hora, se sentía cómoda, se divertía mucho
00:15y el tiempo se le pasaba volando.
00:17La luz de la mañana entraba despacio por los grandes ventanales, dando sensación de calidez al espacio y dibujando rayas
00:25doradas en el suelo. Fue saludando a sus amigos y al profesor de gimnasia, un chico joven al que sin
00:33hora adoraba.
00:33Cuando todos se colocaron en los sitios que tenían asignados, el profesor puso música a un volumen no muy alto
00:45con canciones que le gustaban para así motivarlos.
00:49Enseguida se empezaron a escuchar las respiraciones, las colchonetas que se movían un poco al ritmo de los ejercicios y,
00:56de vez en cuando, alguna risa cuando el profesor soltaba alguna broma o si alguno hacía una postura rara.
01:04En un momento dado, Sin hora estaba sentada en el suelo, con las piernas cruzadas, estirando los brazos hacia el
01:11techo, como si quisiera tocar una nube invisible.
01:14Pensaba, muy ilusionada, en la tarde de ese mismo día, porque su madre y ella se iban a dedicar un
01:21rato juntas para ver una película.
01:24A su alrededor, otros niños hacían los ejercicios correspondientes que el profesor les había mandado.
01:30Unos levantaban unas pequeñas pesas de colores, otros estiraban, dos o tres rodaban por las colchonetas como croquetas.
01:40Y una niña practicaba equilibrio apoyándose en la pared, muy concentrada.
01:49Cerca de la ventana, un niño, Leo, estaba en su silla de ruedas y estiraba con los brazos unas gomas
01:57elásticas azules.
01:59Cada movimiento de cada niño era distinto, pero igual de importante.
02:05Leo sonreía, orgulloso, cada vez que completaba un ejercicio.
02:08A los pies de Sinora, la tortuga Zen avanzaba y, a veces, se resbalaba sobre la madera brillante del suelo.
02:17Recordad que hoy, como todos los días, nuestro cuerpo nos habla, dijo el profesor con un tono de voz suave.
02:26Vamos a escuchar para saber cómo nos sentimos.
02:30Sinora cerró los ojos para concentrarse en su propio cuerpo.
02:34Cuando llevaba así un par de minutos, lo notó.
02:37Algo no iba bien.
02:40Bajo la calma aparente, había unas notas de cansancio en el resto de los niños que no correspondían.
02:47Respiraciones aceleradas sin motivo y algunas miradas inquietas.
02:52Sinora se fijó en que había niños que, de normal, solían terminar sus ejercicios más frescos que una lechuga.
02:59Y ese día acababan exhaustos cuando iban tan solo por la mitad de la clase y tenían que pararse.
03:07Los que aún se movían lo estaban haciendo más rápido.
03:11Ella, siempre tan impaciente, pareció contagiarse de esas prisas.
03:17Sinora, ¿qué estás haciendo? ¿Es que no ves que te va a dar algo?
03:21Se alarmó Zen.
03:24Es que, como esos niños, va tan rápido, pues duele tan bien.
03:29Que no me crees que da la última.
03:32No por ir más rápido vas a hacer mejor la gimnasia, sinora.
03:36Y esto no me duele nada bien.
03:39Para un momento, mira a tu alrededor.
03:42¿No ves que todo se aceleró mucho más de lo normal?
03:46Sinora, que confiaba ciegamente en Zen, se quedó quieta y observó.
03:55Tienes razón, Zen. El tiempo está avanzando.
03:59Demasiado deprisa.
04:00Y estoy segura que alguien está junto a esto.
04:04Sinora, cogió en sus brazos a Zen y pidió permiso al profesor para irse a casa.
04:16Pero, sinora, ¿ha venido tu madre a recogerte?
04:19Le preguntó el profesor, reticente a dejarla marchar sin su madre.
04:26No.
04:27Respondió, sinora, con cierta duda sobre qué decir con tal de obtener, como fuera, el permiso del profesor.
04:35Pero es que hoy no podía venir y tengo un médico y no me puedo tener hasta el final.
04:41Mintió.
04:42El profesor miró a Zen, que con la cara más bondadosa que podía poner, le sonrió y asintió para que
04:50así el profesor se creyese la mentira piadosa.
04:54Bueno, por esta vez puedes marcharte, pero a la próxima que tengas que marcharte antes de que la clase finalice,
05:03quiero que tu madre me avise antes.
05:05He hecho, exclamó sinora mientras salía corriendo hacia la puerta de salida.
05:10Antes de traspasarla, se dio la vuelta y contempló cómo casi todos los niños habían acabado la gimnasia y caían
05:18al suelo rendidos.
05:19Nunca han terminado tan pronto.
05:21Aún falta media hora para el final de la clase, advirtió Zen.
05:26Zen. Sinora asintió con la cabeza.
05:29Se fijó en que solo un niño parecía haber escapado al supuesto encantamiento que envolvió al gimnasio, Leo.
05:37Sus miradas se encontraron.
05:39Cuando ya habían salido a la calle, Zenora comentó sus percepciones a Zen.
05:45Has visto al de Oce, el nuestro que he pensado.
05:49¿Por qué no ha dejado que las piernas le manden?
05:52Respondió la tortuga.
05:54Leo se mueve escuchándose, por eso el tiempo no lo ha atrapado.
05:59De repente, sinora, se frenó el seco.
06:03Se me...
06:06Se me está ocurriendo una idea, Zen.
06:09¿Qué te parece si por ejemplo la que no se paga el tiempo y...
06:16Observamos la reacción que le te leo.
06:18Y además, así por ejemplo, comprobar.
06:20Si me angora, time, si me vaginaba, si vamos a ir, y este es el gimnasio intentando manipular el tiempo.
06:29Creo que has tenido una buena ocurrencia, Zenora.
06:32¿Llevas el guante en la mochila?
06:34Claro, claro.
06:36Siempre lo llevo con...
06:37Porque nunca sé saber qué puede pasar, afirmó Sinora.
06:43Volviendo sobre sus pasos, Sinora se fue acercando al gimnasio de nuevo, pero esta vez con mucho sigilo y precaución.
06:51Ponte ya tu guante para detener el tiempo, Sinora.
06:54Necesitamos entrar e inspeccionar el gimnasio de arriba a abajo.
06:58Propuso Zen.
06:59Sinora sacó de la mochila el guante que le da superpoderes.
07:04Lo sacudió un poco al aire y se lo puso.
07:07Cerró los ojos para que los poderes acudieran a ella.
07:11Enseguida notó que el guante se iba calentando, síntoma de que esos poderes seguían acompañándola.
07:19Abrió los ojos y comprobó que el ruido y las voces del gimnasio habían cesado.
07:25Bien.
07:26Zen aplaudió.
07:27Vamos allá.
07:29Los dos entraron al gimnasio, donde las risas se habían quedado congeladas en el aire.
07:34Las colchonetas dejaron de crujir y unas pocas pesas de colores quedaron suspendidas.
07:43A medio levantar.
07:45El profesor permanecía inmóvil, con una media sonrisa.
07:50Zen, ya en el suero, avanzó unos pasos y observó la escena con calma.
07:55Sinora, por su parte, sintió el cansancio habitual recorrerle el cuerpo, como una ola pesada,
08:02pero aguantó porque sabía que esa sensación le duraría poco.
08:06De repente, Zen lanzó un grito de sorpresa.
08:10Sinora miró en su dirección.
08:12Leo, se tapó la boca en un gesto de sorpresa parecido al de Zen, cuando vio que Leo se movía
08:17hacia ellos con su silla de ruedas.
08:20Leo, hay que apuntar tus poderes.
08:22Chilló sin hora.
08:24Te lo dije.
08:25Ese chico, como no está condicionado por el tiempo, puede sortear cualquier tipo de hechizo.
08:34Leo le sonrió cuando les alcanzó.
08:38—¡Qué chulo! ¿Cómo lo ha hecho Sinora? —preguntó.
08:43Sinora le explicó lo del guante y de cómo lo había usado porque tenían que investigar un supuesto encantamiento malvado
08:50de Mangora Time.
08:52Leo, entusiasmado, decidió unirse a su equipo y a ayudarles.
08:57Entre los tres, fueron inspeccionando cada rincón del gimnasio en busca de algo que les pudiera dar una pista de
09:04que Mangora Time había extendido sus tentáculos hasta ese gimnasio.
09:10—¡Ahí está! —gritó Leo.
09:14Sinora y Zen fueron corriendo hasta el punto al que Leo señalaba.
09:18Junto al equipo de música, casi escondido detrás de un banco, vieron un pequeño aparato metálico con forma de metrónomo.
09:26Su aguja se movía sola, cada vez más rápido, aunque el tiempo estuviera detenido.
09:32En su superficie brillaba el cero, el sello, que Sinora conocía demasiado bien.
09:38Un reloj deformado, torcido por el estrés.
09:42—Mangora Time. —gruñó Zen.
09:45—Siempre igual, robando el tiempo donde más daño hace.
09:50Sinora respiró hondo, se arrodilló y colocó su mano sobre el aparato.
09:56Pensó en los niños agotados y en cómo sus cuerpos pedían calma.
10:00Con la mano en la que portaba el guante, giró la manecilla del metrónomo.
10:05Este se detuvo.
10:06Los tres salieron del gimnasio y se colocaron junto a una ventana.
10:12Sinora se quitó el guante para comprobar que todo volviera a la de humanidad.
10:16—¡Oh, oh! —dijo Zen con el gesto torcido.
10:20—¡Mierda! —exclamó Sinora.
10:27—¿Qué ha pedido, pasará? —se preguntó Leo en voz alta.
10:32—¡Ya lo sé! El acelerador de partículas...
10:35—se acordó Zen.
10:39—¿Qué es eso, Zen?
10:44—preguntó Sinora.
10:45—Es un antirugio que posee Manguala Time porque se lo robó a unos científicos.
10:51Leí en un libro que es lo que guarda con mucho pelo porque si le hace falta el metrónomo y
10:57el acelerador de partículas, es capaz de seguir acelerando el tiempo.
11:01—Tenemos que encontrarlo y devolvérselo a los científicos para que se use con buenos fines, no con los malos que
11:09pretende Manguala Time.
11:11—¿Y dónde lo tendrá que escondirlo todo?
11:15—Según ese mismo libro, lo guarda en una cueva en la entrada de la ciudad, al lado del río.
11:21—Aseguró Zen.
11:23—¡En marcha!
11:25—Leo cogió a Zen y lo dejó sobre sus muslos.
11:30Sin hora, conducía la silla de ruedas de Leo, pero como era una chica un tanto atolondrada y le entraban
11:36muchas prisas, no se daba cuenta de los baches y a punto estuvo de hacer caer a los dos varias
11:42veces.
11:43Leo se quejó y le dijo que parecía que estaba montado en una atracción de la feria y Zen le
11:50pidió que bajase la velocidad porque en cualquier momento iban a salir volando.
11:57—Perdón, perdón —dijo Zenora frenando de golpe.
12:01—Es que cuando me pongo nervioso me voy a ir de patio.
12:07—No pasa nada —respondió Leo sonriendo.
12:11—Pero acuérdate de lo que decimos en gimnasia, cada uno a su ritmo.
12:18Sin hora, respiró hondo, aflojó los hombros y retomó el camino con más calma.
12:24El río apareció ante ellos, brillante y tranquilo, como si no tuviera prisa por llegar a ninguna parte.
12:32Junto a él, escondida entre árboles y rocas, se abría la boca oscura de una cueva.
12:38—¡Ahí es! —susurró Zen—.
12:42—El escondite de Mangora Time.
12:44Al entrar, el aire era fresco y se escuchaba un zumbido constante, como el tic-tac de mil relojes enfadados.
12:53En el centro de la cueva, sobre una plataforma metálica, brillaba el acelerador de partículas.
13:00Giraba tan rápido que parecía que el aire a su alrededor temblaba.
13:03Pero no estaban solos. Delante del aparato había una figura alta, vestida con un uniforme gris lleno de relojes colgantes.
13:13Era el guardián del tiempo, encargado de que nadie tocara la máquina.
13:18—¿Quién está ahí? —dijo con voz profunda.
13:20—¿Quién va?
13:22—Sinora tragó saliva. Notó como las prisas querían apoderarse de ella otra vez.
13:27—Sí —susurró.
13:29—Ahora no es momento de correr —respondió la tortuga.
13:33—Es momento de parar.
13:35—Sinora sintió. Se colocó bien el guante y levantó la mano.
13:39—Tiempo, detente.
13:41—Todo quedó inmóvil. El guardián se paralizó con un pie en el aire.
13:46El zumbido cesó de golpe. Sinora volvió a sentir ese cansancio pesado.
13:52Pero Leo la miró con tranquilidad.
13:55—Apóyete en mí un momentito —le dijo.
14:03—Yo me encargo de vigilar mientras tanto.
14:07Mientras Zenit se subió, ayudado por Leo, a una plataforma que estaba justo enfrente del guardia inmóvil
14:15y le colocó suavemente una pluma en la nariz, por si volvía el tiempo de se despertarse y estornudando,
14:23Sinora se acercó al acelerador.
14:25Observó las palalgas, los cables tensos, la velocidad descontrolada,
14:30y se puso a tirar y a tocar todos ellos, pero sin éxito.
14:35—Esto no se rompe con fuerza —dijo Zenit.
14:39—Se rompe con maña y astucia.
14:42Sinora pensó por unos segundos hasta que comprendió cómo funcionaba ese aparato.
14:49Después giró una rueda lentamente.
14:51Luego otra.
14:52Ajustó el ritmo hasta que el aparato empezó a vibrar menos y menos,
14:57hasta que se apagó con un solo clic.
14:59En ese momento, Sinora dejó caer su reloj de arena junto a la máquina.
15:04—El tiempo no se roba —dijo.
15:07—Que comparte.
15:08Salieron de la cueva justo cuando el cansancio de Sinora desaparecía.
15:13El río seguía su curso tranquilo y el aire parecía más ligero.
15:20—¡Lo hemos conseguido! —preguntó Leo.
15:24Zen sonrió.
15:26—Mira tu respiración.
15:29Leo respiró hondo.
15:31—Sinora también.
15:33Ahora sí, el mundo iba exactamente a la velocidad correcta.
15:38—Gracias por invitarme a la aventura —dijo Leo.
15:42—A veces, ir al espacio te lleva más lejos.
15:46Sinora le devolvió la sonrisa, aprendiendo, una vez más,
15:50que su mayor superpoder no era de tener el tiempo, sino saber cuándo hacerlo.
15:55Cuando regresaron al gimnasio, al día siguiente, todo había cambiado.
16:00Los niños seguían con la clase, pero ya no corrían sin sentido ni caían agotados al suelo.
16:06Las respiraciones eran tranquilas, los movimientos más suaves.
16:11El profesor sonreía satisfecho mientras ajustaba un ejercicio para que cada uno lo hiciera a su manera.
16:18Leo volvió a su sitio junto a la ventana, estirando las gomas elásticas con calma.
16:23Sinora se sentó en su colchoneta y Zen se colocó a su lado, orgulloso.
16:28—¡Bien, bien! —susurró la tortuga.
16:31—El tiempo vuelve a estar donde tiene que estar.
16:35Sinora cerró los ojos un instante.
16:37Sentía esa calma especial que aparece cuando todo encaja.
16:42Al terminar la clase, los niños salieron contentos, sin prisas.
16:46Nadie preguntó cuánto quedaba.
16:49Nadie se crejó de ir lento.
16:51Cada uno había llegado hasta donde había podido, y eso era suficiente.
16:57Antes de irse, Sinora miró su reloj de arena.
17:00Los granos callan despacio, uno a uno, y sonrió muy satisfecha.
17:05—Otra batería, ganada, mangúrate en... —pensó.
17:11—Aplausos.
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