Ni la lluvia ni la densa neblina logran empañar la devoción de los viajeros por una de las siete maravillas del mundo moderno. Pese a las condiciones climáticas adversas que marcaron la jornada, el Cristo Redentor continúa recibiendo un flujo constante de turistas que desafían el temporal para capturar la icónica postal de Río de Janeiro.
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