Habían transcurrido once años desde la última presencia del Felipe VI en la Copa que lleva su nombre, concretamente desde la edición celebrada en Gran Canaria en 2015. Este domingo, en el Roig Arena, se repitió una escena similar a la de entonces: su llegada estuvo acompañada por una sonora mezcla de aplausos y silbidos, en un ambiente cargado de decibelios.
El respaldo más evidente llegó desde la afición local, que se puso en pie para recibirle y mostrarle su reconocimiento. En contraste, los pitos se hicieron notar principalmente entre los numerosos seguidores desplazados desde Vitoria, así como entre los aficionados del Barça que permanecían en el recinto tras la eliminación de su equipo en semifinales.
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