Aída Nízar (50) sigue siendo, décadas después de su debut, un nombre que genera reacciones encontradas en la audiencia española. Considerada por muchos como una de las auténticas reinas de los realities, su paso por la televisión ha dejado una huella imborrable marcada por el histrionismo, la autoconfianza desmedida y una capacidad innata para trascender la pantalla. Su leyenda comenzó en Gran Hermano 5, emitido en el año 2003, donde se presentó al mundo no como una concursante más, sino como un perfil mediático que hablaba de sí mismo con una devoción casi mística.
Desde sus primeras apariciones, Nízar demostró que no buscaba la aprobación del resto, sino reafirmar su propia identidad. Son recordados sus soliloquios ante la cámara, como aquel instante en el que, relajada en una hamaca, se dirigió al sol exclamando: "Dios mío, así me hiciste. Tan diferente...". Esta visión de sí misma la llevó a autodefinirse como "la elegida de Dios", un título que se convirtió en su principal seña de identidad durante años.
Sin embargo, lo que realmente desconcertaba a sus compañeros y fascinaba al público era su costumbre de hablar de sí misma en tercera persona, una técnica narrativa que utilizaba para construir su propio personaje público. Frases como "Entonces yo, Aída, jugaba con Aída", "Aída Nízar sabe perfectamente quién es" o la ya icónica "Aída Nízar no compite, Aída Nízar trasciende" definieron una forma de hacer televisión que caminaba peligrosamente en la línea que separa el bien y el mal, traspasándola en no pocas ocasiones.
La trayectoria de Aída no estuvo exenta de momentos de altísima tensión. Uno de los episodios más polémicos de su edición de Gran Hermano se produjo cuando lanzó un vaso de agua a su compañera Carla Pinto en mitad de una discusión. A diferencia de lo que ocurriría con los protocolos de los programas actuales, en aquel momento la cadena no decretó su expulsión de forma inmediata.
La relación entre ambas nunca se recuperó y, según ha relatado recientemente la propia Pinto, la hostilidad no terminó al apagarse los focos de la casa de Guadalix de la Sierra. La exconcursante asegura que los roces continuaron en los pasillos y el comedor de Telecinco durante años: "No fue algo puntual, su actitud hostil siguió después de Gran Hermano. Nos encontramos varias veces en eventos de la cadena, y en más de una ocasión tuvimos encontronazos desagradables".
Tras su paso por los realities, Nízar supo reinventarse como reportera en el programa Sálvame, donde lideró la sección Sálvese quien pueda. En este espacio, su estilo provocador alcanzó nuevas cotas de notoriedad. Es especialmente recordado el día en que hizo historia de la televisión al ponerse en contra al 50% de los bañistas de las playas de Benidorm durante una de sus intervenciones. Este tipo de reportajes consolidaron su perfil como una figura mediática capaz de polarizar a la audiencia, manteniéndose relevante gracias a su innegable capacidad para el espectáculo y la confrontación directa.
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