El vasco vivió este fin de semana una despedida imposible de disimular. El extremo abandonó el campo de Las Llanas entre lágrimas, consciente de que era su último partido con el Sestao River. No se marchaba por una oferta mejor ni por una decisión deportiva, sino por motivos laborales ajenos al fútbol que le obligan a abrir una nueva etapa en su vida. Una salida inesperada y prematura para un jugador que, en apenas unos meses, se había convertido en una de las grandes referencias del vestuario verdinegro.
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