Hay que politizar el dolor. Y a fondo, porque son políticos —en este caso del PSOE, el partido más corrupto y putero de Occidente— los responsables de los 43 muertos de Adamuz y de la sobrecogedora pena de sus familiares y amigos.
Si el choque entre el Iryo y el Alvia hubiera ocurrido con un Gobierno del PP, a estas horas ya habrían colgado de la catenaria al ministro de Transportes, estaría bloqueada con barricadas la calle Génova de Madrid y la ‘Brunete Pedrete’ atronaría radios, televisiones y periódicos, exigiendo cabezas y penas de cárcel.
No es una opinión. Es una certeza y basta echar un vistazo a la hemeroteca para comprobarlo.
Para estos progres de mierda, para el melindroso Ferreras, el cursi Risto y el tabernario Iglesias —que ahora simulan escandalizarse ante lo que proclama Ndongo o titulamos en Periodista Digital—, los atentados del 11M no fueron un crimen de yihadistas, sino de Aznar por la foto de las Azores. El Prestige, que dejó toneladas de chapapote en las costas gallegas, no se debió a la impericia del capitán y la codicia del armador, sino a la negligencia de Rajoy.
Y 7.291, de los incontables muertos por COVID, fueron -según estos majaderos- ‘asesinados’ por Ayuso en las residencias de ancianos y no víctimas de un virus llegado de China.
Y lo mismo en la DANA, en el accidente del ALVIA o con el Yakolev.
En ninguno de los casos que he citado, donde sin duda hubo también responsabilidades políticas, los profetas del sectarismo izquierdista y los pichaflojas de la derecha que les bailan el agua llamaron contritos a la responsabilidad, instaron a la moderación, pidieron paciencia o apelaron a la fatalidad.
Por eso hay que darles sin piedad y subrayar que el bocazas Óscar Puente, su mentor Pedro Sánchez y el resto de la cuadrilla de maleantes tienen toda la responsabilidad y buena parte de la culpa.
No ha habido dolo, claro que no, pero sí una gestión desastrosa, indolencia, caradura, gafe y mucha incompetencia.
¿Cómo tiene la desvergüenza Puente de soltar que todo es muy extraño, porque sucedió en una recta, cuando llevaba meses ignorando las denuncias de los maquinistas, las quejas de los pasajeros y los avisos de los expertos?
Él estaba al golf, a disfrutar de la vida, al insulto en X y a proclamar chulesco que, gracias al Gobierno Frankenstein, disfrutamos los españoles del mejor momento ferroviario de nuestra Historia.
¿No es mosquearte que Sánchez, cuando visitó la zona poniendo cara de pena, no permitiera una pregunta a los periodistas? Ni siquiera a sus masajistas habituales.
¿Dónde han ido los miles de millones en que ha crecido la deuda pública, además de a engordar los bolsillos de adictos al régimen?
¿Por qué el marido de Begoña regala 700 millones de nuestros impuestos a Mohamed VI, para que modernice los trenes de Marruecos y no destina los recursos esenciales para mantener operativo nuestro ferrocarril?
No se trata de especular ociosamente sobre las causas del accidente, que aún deben ser esclarecida
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