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  • hace 2 días

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Transcripción
00:00La mano. Ramón Gómez de la Serna. El doctor Alejo murió asesinado, indudablemente murió
00:15estrangulado. Nadie había entrado en la casa, indudablemente nadie, y aunque el doctor dormía
00:21con el balcón abierto por higiene, era tan alto su piso que no era de suponer que por allí hubiese
00:28entrado al asesino. La policía no encontraba la pista del crimen, y ya iba a abandonar el asunto.
00:36Cuando la esposa y la criada del muerto acudieron despavoridas a la jefatura, saltando de lo alto
00:42un armario había caído sobre la mesa, las había mirado, las había visto, y después había huido
00:49por la habitación, una mano solitaria y viva como una araña. Allí la habían dejado encerrada con la
00:56llave en el cuarto. Llenos de terror, acudieron la policía y el juez, era su deber. Trabajo les costó
01:04cazar la mano, pero la cazaron, y todos le agarraron un dedo, porque era vigorosa, como si en ella radicase
01:10junta toda la fuerza de un hombre fuerte. ¿Qué hacer con ella? ¿Qué luz iba a arrojar sobre el suceso? ¿Cómo
01:17sentenciarla? ¿De quién era aquella mano? Después de una larga pausa, al juez se le ocurrió darle la pluma
01:25para que declarase por escrito. La mano entonces escribió. Soy la mano de Ramiro Ruiz, asesinado
01:33vilmente por el doctor en el hospital y destrozado con ensañamiento en la sala de disección. He hecho
01:40justicia. Espero que le haya gustado el video. Dale me gusta, suscríbete y dale un click a la
01:48campanita para mantenerte informado de nuevos videos.
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